Tofinos aún lloran por incendio de la querida capilla Santa Ana

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Iglesia desarmada en el ex mineral de hierro a mediados de los 70, y vuelta a armar en Las Compañías, es la joya mas preciada de los tofinos… Fue incendiada en medio del estallido social que tiene a Chile sorprendido, asustado.

Los tofinos reclaman y aclaran: «La Iglesia Santa Ana es de nosotros, no de la Iglesia Católica, si bien está destinada a servir a todos los cristianos… la recuperaremos»…

No hay día en que un tofino no recuerde su natal poblado minero. Ese de la cumbre del cerro coronado con neblina. Ese Tofo de las casas como en un estadio… Ese del Sindicato, del Teatro, de la Oficina General, del Meme, y de los partidos de fútbol de los domingos…
Oscar Torres es uno de ellos. Y con él, otros cientos. Pero no sólo sus casas y calles, sino que también sus relatos, que se entrelazan con las experiencias adquiridas.

Pero asimismo con añoranza, la capilla Santa Ana, construida en el año 1926, y trasladada a la esquina de las calles Gaspar Marín con Canadá, en Las Compañías, por orden del arzobispo de entonces, Juan Francisco Fresno, una vez que se determinó el cierre definitivo de la producción del mineral en los años setenta.

Y aflicción cuando habla de lo que ocurrió la noche del martes 12 de noviembre, cuando parte de la fachada y del interior de su iglesia fue consumida por las llamas.

«Como tofinos estamos de muerte, en lo personal muy triste, pues imagínate que nosotros fuimos bautizados en esa capilla y nuestros padres se casaron en ella. Cuatro fueron las generaciones que pasaron por esa iglesia, ¡cuatro generaciones!, entonces los recuerdos son latentes, pero también muy dolorosos con todo lo que ocurrió esa noche».

Torres es presidente de la agrupación de tofinos y explica que la capilla fue donada en esos años por la esposa del gerente de la minera, la señora Ana de Quackenbush, quien ordenó construirla con materiales importados desde los Estados Unidos como las cruces y la imagen de Santa Ana, que justamente adorna el templo.

Es de nosotros

La mujer, de profunda fe, detalla Torres, «edificó ese monumento para nosotros. Si cuando se inauguró, junto al arzobispo de La Serena de aquel entonces, señaló en la ceremonia que esa iglesia era para El Tofo (70 kilómetros al norte de La Serena) y de todos los tofinos, por esa razón nosotros nos sentimos parte de esa iglesia y por eso nos dolió tanto verla quemada».

Cuando terminó su producción como mineral y campamento, «se trajo la capilla a La Serena y se instaló allá, donde no debiera estar, en las monjas de Las Compañías. ¿Sabe? Cuando terminó El Tofo nosotros no vimos el daño que le habían hecho, porque en esos años, como estaba medio conflictivo el país, lamentablemente no sacábamos la voz. Y después de un tiempo si logramos hacerlo, pero no fue posible que la iglesia retornara a la población El Tofo, donde está el grueso de la gente, de los tofinos, en Las Compañías».
El cambio lo realizó la CAP y se trató de desarmar lo menos posible el templo para poder conservar su arquitectura.

Sin embargo, desde esos años que los tofinos han tratado de hacer algo, que vuelva a su poblado, pero su esfuerzo ha sido imposible. De hecho, reconoce Torres, «como directiva fuimos a hablar con el arzobispo, en los inicios de los años ochenta, a quien le reclamamos que la capilla tenía que estar en la población El Tofo, y la respuesta del arzobispo de esos años fue que El Tofo ya no existía. Nosotros le respondimos que era cierto, que el lugar no estaba, pero sí la gente, que todavía estábamos paraditos, y que la capilla no le pertenece a la Iglesia Católica, sino que a nosotros, puesto que se hizo con gastos de la empresa, de manera particular, un regalo para El Tofo y para los tofinos, como dijo la señora ese día de 1926».

Un traslado es complejo

La última misa que se hizo en El Tofo fue el 8 de diciembre de 1974, y bien se acuerda Torres, que estaba ahí.

«Fue una misa repleta, a moco tendido, sabiendo que se la llevaban… Es que hasta el día de hoy estamos molestos, porque esta iglesia es nuestra», insiste.

Hoy advierte que un traslado es complejo y claro, «pues está en mal estado».
Y agrega que cuando se trajo a La Serena «nadie le dio una manito de gato, nadie. Si nosotros cuando pasábamos por Las Compañías veíamos cómo se iba deteriorando de a poco. Pero como agrupación, y por intermedio de una empresa y particulares, nos acercamos y ofrecimos nuestra ayuda para que pudiera ser restaurada. Eso pasó hace unos diez años y así fue, ya que la dejamos muy bonita, como debía ser. La pura reparación a la empresa le salió más de 16 millones de pesos, puesto que la pintamos e hicimos el cambio eléctrico. Todo lo dejamos nuevo, e incluso se compró una amplificación para que el curita hablara con parlante. Por lo tanto me extraña mucho que bomberos, con todo el respeto que les tengo, haya dicho que el incendio fue a raíz de un corto circuito. Me queda la duda, dado que todo el cablerío que se hizo fue de primera».

Torres no vive en la población El Tofo, como mucho de sus coterráneos. Pero cada vez que pasa por la esquina en donde se encuentra emplazada la capilla, la tristeza lo envuelve. Y le dan ganas de luchar para que la Santa Ana vuelva al lugar que le pertenece… Aunque sabe que es muy complejo, «trasladar una iglesia de lado en la actualidad (cuyos primeros servicios religiosos fueron prestados por el padre Agustino Arcadio Galleguillos, el primer párroco de San José, en Juan Soldado, quien vivía en la localidad y llevaba la palabra de Dios a los poblados de La Higuera, Chungungo, Punta Colorada y El Trapiche), puesto que se debe pedir permiso y los curas no aceptarán…».

 

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