
La profesora de artes plásticas y muralista Kaban Rojas impulsa un trabajo gratuito y comunitario para acercar la obra de la poetisa a niños, jóvenes y comunidades, a través de murales, exposiciones y procesos educativos que buscan alfabetizar culturalmente el territorio.
Por: Valentina Echeverría O.
La obra de Gabriela Mistral no es solo para vitrinas ni para especialistas. Así lo cree Kaban Rojas, profesora de artes plásticas y muralista, nacida en Vallenar y criada en el campamento minero de Domeyko, quien hoy dedica su trabajo artístico y pedagógico a educar niños, jóvenes y comunidades en torno a la obra mistraliana, sin cobrar, sin vender sus obras y sin esperar nada a cambio.
«Yo no lo hago para vender, lo hago porque sé que tengo que hacerlo», dice. Para ella, el arte y la educación son una forma de siembra. Una manera de devolver lo aprendido y de despertar la conciencia crítica a través de la lectura, la pintura y el diálogo.
Formada en pedagogía en artes plásticas en la Universidad de La Serena, Kaban reconoce como mentor al artista Raúl Saldívar, quien la impulsó desde sus años escolares a explorar el muralismo, visitar exposiciones y entender el arte como una pasión que se vive en colectivo.
El llamado de Gabriela
El acercamiento profundo a Gabriela Mistral llegó hace pocos años, casi como un llamado, como lo describe ella. Aunque la obra de la poetisa siempre estuvo presente en su vida, fue al escuchar el texto Locas Mujeres cuando algo se activó. «Ahí se abrió un mundo», relató.
Comenzó a leer, estudiar y analizar la obra mistraliana desde distintas miradas: literarias, psicoanalíticas, filosóficas y humanas. De esa lectura nació una serie de obras visuales que luego se transformaron en exposiciones itinerantes, acompañadas de charlas y clases en colegios, liceos y espacios culturales.
Así surgió «Procesos creativos», vida y obra de Gabriela Mistral, una experiencia donde no solo muestra su obra, sino que dialoga con los estudiantes sobre literatura, pensamiento crítico y arte. «Ellos quedan en silencio, dicen ‘guau’ impresionados. Muchos no sabían que Gabriela era así», contó.
Arte, educación
y conciencia
Para Kaban, el arte es una herramienta profundamente transformadora. «El arte escribe la historia», afirmó, convencida de que su valor ha sido sistemáticamente menospreciado porque despierta conciencias. «Cuando el arte es verdadero, permanece en el tiempo y siempre te da una lectura distinta».
Su trabajo con Gabriela Mistral busca ir más allá de la conmemoración superficial. «No puede ser solo los 80 años, los 100 años y listo. Hay que educar. ¿Qué significa que hayan pasado 80 años? ¿Qué significa realmente que sea premio nobel?».
En ese camino, también ha cuestionado lo que llama los «guetos mistralianos». «Me dijeron que Gabriela Mistral no es para cualquiera. Yo no creo eso. Gabriela es de todos», sostuvo, recordando el profundo compromiso social de la poeta con la educación, la infancia y los más vulnerables.
Sembrar sin
esperar nada
Todo el trabajo que realiza —exposiciones, montajes, ceremonias, material educativo— lo financia ella misma. «El cóctel, el montaje, todo es mío. Y lo hago feliz. Es un juego», dijo. No vende sus obras ni busca retribución económica inmediata. Su apuesta es a largo plazo.
«Estoy sembrando algo. Lo que yo siembro en esos niños, en que se atrevan a leer, a crear, eso es lo que importa», explicó. Su sueño es llevar todo este trabajo a un centro cultural en su pueblo, Domeyko, y devolverlo a la comunidad educativa que la formó.































