Análisis de autoridad sanitaria debería estar pronto y debería ser favorable, «pues nuestra bahía está en mejores condiciones», dice optimista Dévora García, pescadora artesanal y presidenta de la Corporación Mujeres Azules de la región de Coquimbo.
Fue la semana pasada cuando la autoridad sanitaria de la región de Coquimbo decretó el cierre de la bahía al descubrir concentrados de toxina amnésica en mariscos de la zona entre Punta Lengua de Vaca y la Península de Tongoy.
Desde entonces, el gremio de pescadores, agricultores y especialmente mujeres que han dedicado su vida a la mar, esperan con ansias los análisis correspondientes –que podría ser hoy- de parte del ministerio de Salud para levantar el cierre preventivo y volver a sus botes.
Y si bien existen pérdidas, «pues llevamos más de una semana parados», se están cumpliendo los protocolos «y eso para nosotros es lo principal», cuenta Dévora García, pescadora artesanal, agricultora y presidenta de la Corporación Mujeres Azules de la región de Coquimbo.
Para ellas, lo primordial es que la comunidad entienda «que estas mareas son transitorias y que no se quedan en la bahía».
La marea roja es una toxina que necesita algunos factores ambientales para que se pueda mover, como, por ejemplo, marejadas, vientos y recambio del agua, lo que precisamente está pasando.
«Ahora debemos esperar que la autoridad nos pueda entregar dentro de los marcos legales, la autorización para poder abrir esta emergencia. Aunque estamos seguros que nuestra bahía está en mejores condiciones y pronto vamos a poder hacer un comunicado oficial con los organismos respectivos, en este caso el ministerio de Salud y el gremio de pescadores de nuestra caleta», afirma.
Medidas de mitigación
Para el gremio que lidera García la esperanza es que esta toxina pueda irse pronto para «entregarles la tranquilidad a nuestros visitantes, entendiendo que nuestra comunidad de Tongoy es un balneario maravilloso y que una de las cosas más importantes son nuestros productos del mar».
Explica que, si bien el gobierno «ha estado con nosotros haciendo gestiones y viendo las necesidades que tenemos», esta es una cadena que no se corta.
«Increíblemente nos damos cuenta de que Tongoy no solo es un polo turístico, sino que también un polo de alimentación, con una cadena gigante por cuanto la mitad del país está afectada por la marea roja que tiene nuestra bahía. Entonces, qué increíble cómo tenemos que cuidar nuestros balnearios e increíble cómo la región debería cuidar lo que tiene, siendo Tongoy importantísimo para la alimentación de cada uno de nosotros».
Con años dedicadas a la pesca, pues cuenta que desde muy joven le enseñaron no solo cómo era cuidar y cultivar el mar, sino también cómo era hacer los desdobles de los ostiones, las ostras y el piure, explica que la mara roja no es de todos los años y aunque hay que ir adaptándose, también se deben tomar algunas medidas de mitigación.
«Claro, como tener depuradores en nuestras caletas, lo que indica que, al sacar los maricos, estos puedan pasar por procesos donde puedan salir libres de toxinas. De igual manera debemos tener cultivos importantes de algas y que podamos no solo purificar nuestras bahías, sino también darles una oxigenación mayor y sacar nuestros productos más libres de toxinas y de mejor calidad».
Por lo mismo, y pese a las pérdidas ocasionadas por la restricción sanitaria, cree que de lo malo se puede sacar un aprendizaje «para que el día de mañana podamos tener justamente estas medidas de mitigación para nuestra bahía».
































