
Administrador parroquial de San José de Juan Soldado, explica que la capilla no ha sido traspasada formalmente al Arzobispado.
Confirma que había sido incendiada en reiteradas ocasiones y que, «sí existe voluntad de recuperarla con apoyo municipal».
Joaquín López Barraza
A días del incendio que destruyó por completo la histórica capilla Santa Ana, en el sector Las Compañías de La Serena, la Iglesia Católica se refirió por primera vez al estado administrativo del recinto y a las proyecciones tras el siniestro.
El padre Jijo Zacharias, administrador parroquial de la Iglesia San José de Juan Soldado —parroquia de la cual depende pastoralmente la capilla— explicó que el templo aún no se encuentra formalmente inscrito a nombre del Arzobispado de La Serena, situación que ha dificultado su resguardo y gestión.
«Todavía está a nombre de las monjitas, ese traspaso no está confirmado legalmente. El arzobispo es quien debe tomar la decisión final y ahora vamos a iniciar ese proceso de manera formal», señaló el sacerdote.
Según explicó, la intención de regularizar la situación administrativa surgió con mayor urgencia tras una serie de episodios de violencia que afectaron al inmueble. De hecho, confirmó que el incendio ocurrido esta semana no fue un hecho aislado.
«Esta es la quinta vez que la capilla es quemada. Ya había sido incendiada anteriormente, por eso dejó de usarse. Incluso un arquitecto nos indicó que no era seguro ocuparla», afirmó.
Ese abandono prolongado, reconoció el sacerdote, facilitó que el lugar fuera ocupado de manera irregular. «Esa es la verdad. Como no se estaba usando, algunas personas en situación de calle ingresaban durante la noche. No vivían como familias, pero sí entraban, dormían algunas veces. También había mucha basura que se acumulaba, incluso por la feria cercana», relató.
Pese a este escenario, desde la Iglesia aseguran que existe voluntad de recuperar el espacio, considerando su valor espiritual para el sector. Zacharias señaló que ya se han iniciado conversaciones preliminares con el municipio para evaluar acciones futuras.
«Ahora esperamos la respuesta del concejo municipal. Nos dijeron que podrían ayudarnos. Primero habría que limpiar el terreno y después, con ayuda, restaurar la capilla. La gente necesita un lugar de culto, un espacio para vivir su fe y celebrar sus sacramentos», indicó.
El sacerdote añadió que, por ahora, se está a la espera de los resultados de la investigación que llevan adelante Carabineros y otros organismos, antes de definir los siguientes pasos.
Mientras tanto, la capilla Santa Ana —levantada hace un siglo y trasladada desde el antiguo campamento minero de El Tofo— permanece acordonada y completamente inutilizable, a la espera de definiciones que permitan decidir si su historia tendrá un nuevo comienzo.






























