La propuesta de limitar la gratuidad universitaria a menores de 30 años, planteada en el proyecto de «Reconstrucción Nacional» de José Antonio Kast, abrió un nuevo debate sobre el acceso a la educación superior. Desde el mundo académico y estudiantil, advierten que la medida no considera las trayectorias de quienes han debido postergar sus estudios por razones económicas, familiares y laborales.
«La educación
no tiene edad»
Desde la docencia, el planteamiento genera preocupación por el impacto que podría tener en estudiantes que han encontrado en la educación superior una segunda oportunidad.
La docente Valentina Zepeda cuestiona el criterio etario como filtro de acceso, señalando que se trata de una mirada desconectada de la realidad. «Limitar el acceso a la gratuidad bajo un criterio tan arbitrario como la edad desconoce por completo las realidades diversas de las personas y anula la posibilidad de siquiera imaginar un futuro distinto».
En esa línea, advierte que muchas personas no pudieron estudiar en su juventud por factores fuera de su control. «Negar la oportunidad de acceder a la educación en otras etapas de la vida es cerrar puertas a mejores oportunidades laborales, a salir de trabajos precarios, con sueldos bajos y jornadas extensas, o simplemente para estudiar por vocación y no solo por sobrevivencia»
Asimismo, recalca que la medida tendría un impacto en cuidadores de familiares postrados, o quienes salieron del colegio sin información ni recursos suficientes, por lo que se vieron obligados a trabajar desde muy jóvenes.
Zepeda indicó que una repercusión importante recibirían particularmente mujeres que han debido asumir labores de cuidado. «Si hay un caso que se repite con fuerza, es el de las mujeres, madres cuidadoras. Limitar la gratuidad por edad no solo es injusto, es profundamente insensible con las historias reales de quienes más necesitan este apoyo».
Segunda oportunidad en la adultez
Las consecuencias de una eventual restricción se reflejan en historias como la de Carola Escobar, quien retomó sus estudios a los 36 años mientras cría a sus dos hijos. Tras haber cursado previamente un técnico agrícola a los 26 años, decidió continuar su formación profesional al detectar que necesitaba más herramientas, aunque reconoce que el factor económico era una barrera. «Para muchas familias es un lujo poder continuar un estudio y poder llegar más allá», comenta.






























