Visitantes describen inseguridad, falta de resguardo y preocupación por sus seres queridos en un recinto donde el daño es parte del paisaje cotidiano. Piden mayor atención y diálogo con la administración.

Por: Valentina Echeverría O.

Para quienes tienen a sus familiares sepultados en el Cementerio de Las Compañías, la visita no solo es un acto de memoria. También implica enfrentarse a un entorno deteriorado que, con los años, se ha vuelto parte de la rutina. Con muros caídos, accesos abiertos y un recinto que muchas veces aparece sin mantención visible. En terreno, Diario La Región recogió las impresiones de quienes conviven con esta realidad cada semana.

«Está en súper malas condiciones», dijo Ercilia Tirado, vecina del sector que tiene a varios familiares en el lugar. Para ella, el deterioro no es una sorpresa, pero sí una preocupación constante. «Todos los muros bajos y rotos son un acceso. A cualquiera se le hace más fácil entrar y uno viene con inseguridad, porque ya han robado antes, es muy fácil. No hay dedicación a restaurar, ni siquiera a levantar un poco los muros».

Tirado recuerda que, para las familias del sector, esta situación se arrastra desde hace años. Aun así, no pierde la esperanza de que haya mejoras. «Si reconstruyeran y mejoraran la estructura sería más difícil que entren. Falta preocupación. El cementerio está muy mal».

Para Dionire Calderón, quien visita a su padre, abuelos y tíos, la precariedad también es parte del paisaje habitual. Sin embargo, destaca que las soluciones podrían construirse junto a la comunidad. «Está precaria, sí, pero también depende de los que cuidan acá. Ellos podrían ir viendo las falencias y conversándolo con nosotros. No sería necesario que todo saliera de ellos, si se puede hacer una cuota o algo, podríamos arreglarlo entre todos», señaló.

Calderón subraya que las familias no buscan responsabilizar únicamente a la administración. «Nosotros también queremos que nuestros familiares estén bien. Hay inseguridad por las tomas y también falta agua. También podemos poner un granito de arroz. No podemos dejarles todo a ellos».

Para quienes viven en Las Compañías, visitar el cementerio es un acto íntimo atravesado por la preocupación y el cariño. El deterioro no es nuevo, pero afecta la forma en que se vive ese momento.

Las familias coinciden en que lo que esperan, más que grandes obras, es un mínimo de resguardo y la posibilidad de ser parte de la solución.

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