Pescadores dedicados a la jibia de la caleta de Tongoy, optaron por cerrar el acceso al puerto, impidiendo tanto el ingreso de camiones como la salida del producto. La decisión de paralizar sus actividades es en protesta por los bajos precios de compra del recurso y el reciente aumento en los costos de los combustibles.

Por Javiera Escudero.

De igual manera de otras caletas de la región dejaron de trabajar; Coquimbo, Guayacán, Caleta Hornos y Guanaqueros.

Según explicó Germán Soto, director regional de la Asociación Gremial y representante nacional del Comité de Manejo de la Jibia, la principal demanda apunta a un reajuste urgente en el precio del producto. Actualmente, el kilo de jibia se está pagando en torno a los $300 pesos, una cifra que consideran insostenible frente al alza de los combustibles.

«Somos botes que salimos a trabajar casi todos los días, y cada salida implica un gasto de más de 100 litros de bencina. Con las últimas alzas, eso significa entre 30 mil y 40 mil pesos adicionales por jornada», señaló el dirigente, agregando que esta situación afecta no solo a los jibieros, sino a toda la flota pesquera artesanal.

«Las lanchas trabajan con bodegas de 300 a 500 litros de petróleo. Esto no solo afecta a la jibia, sino a toda la pesca artesanal», explicaron.

Los pescadores también denuncian una fuerte caída en el valor del recurso en comparación con años anteriores. De acuerdo con Soto, el precio de la jibia ha disminuido hasta tres veces desde 2024 a la fecha, sin que exista una compensación frente al incremento de los costos operativos.

Otro de los puntos críticos es la falta de transparencia en la cadena de comercialización. Los trabajadores acusan que intermediarios y plantas procesadoras fijan los precios sin claridad sobre los márgenes de ganancia, lo que genera desconfianza y sensación de abuso en el sector.

Pescadores de otras regiones, como San Antonio, también han iniciado paralizaciones con el objetivo de presionar por un alza generalizada en el precio de la jibia en todo el país.
Pese a algunas conversaciones iniciales con autoridades y representantes de plantas procesadoras, hasta ahora no se han logrado acuerdos concretos. «No se han acercado a las caletas ni han dado una respuesta clara. Seguimos esperando una solución», afirmó Soto.

German Soto, advierte que, de no obtener respuestas, la paralización podría extenderse y afectar el abastecimiento del recurso, cuya demanda ha crecido en mercados internacionales debido a sus propiedades nutritivas, como su bajo contenido graso y alto nivel proteico.