En el contexto de Semana Santa, cabe recordar la historia de Domingo Zárate Vega, conocido popularmente como el «Cristo de Elqui», un singular predicador del norte de Chile que marcó a cientos de seguidores durante el siglo XX.

Nacido en Río Hurtado y criado en el Valle de Elqui, Zárate afirmaba haber experimentado una transformación espiritual a los 33 años, edad que él mismo comparaba con la de Jesucristo. Desde entonces, comenzó a predicar en sectores como Vicuña y la Quebrada de Leiva, donde reunía a multitudes atraídas por su discurso, mezcla de religión, sabiduría popular y anuncios apocalípticos.
Su figura generó tanto devoción como controversia. Era habitual verlo improvisar altares en plazas, cerros o quebradas, acompañado por un grupo de seguidores que asumían roles bíblicos como «apóstoles». Su popularidad creció rápidamente, llegando incluso a ser escoltado por autoridades ante la gran cantidad de fieles que convocaba.
En 1930, una de sus concentraciones fue disuelta por orden del gobernador de la provincia de Elqui debido a la masiva asistencia, lo que terminó con su detención junto a sus seguidores. A pesar de episodios polémicos -como intentos fallidos de realizar «milagros»- su figura continuó generando interés.
Zárate recorrió distintas zonas de Chile e incluso países vecinos como Bolivia y Perú, consolidando su fama de predicador popular. Pasó sus últimos años en Santiago y falleció el 12 de diciembre de 1971 en Valparaíso.
Hoy, su historia sigue siendo recordada como una de las más curiosas y llamativas expresiones de fe y misticismo en la cultura chilena, especialmente en fechas como Semana Santa.