
En enero, las empresas y servicios obligados deben reportar a la Dirección del Trabajo cómo cumplieron la Ley 21.015. Mientras el debate público suele quedarse en el porcentaje, Miguel Rojas —persona con discapacidad física, usuario de silla de ruedas y funcionario municipal de Coquimbo, ligado a la intermediación laboral— pone el foco en lo que ve a diario: ofertas «para inclusión» con requisitos casi imposibles, barreras culturales que siguen operando en silencio y empleadores que prefieren pagar antes que adaptar.
Por Joaquín López Barraza
En enero las empresas y servicios públicos tienen que reportar cómo van con la Ley de Inclusión. Desde tu experiencia, ¿cómo se vive esto en la práctica?
Yo trabajo en la municipalidad de Coquimbo y llevo un año en la OMIL. Desde ese punto de vista más ejecutivo de atención me he dado cuenta de que los puestos laborales para personas con discapacidad, bajo la Ley 21.015, son bien engorrosos. Tienen más dificultades que un trabajo convencional, más limitaciones, porque piden muchas cosas que, en la práctica, a muchas personas con discapacidad les cuesta cumplir.
¿A qué te refieres con «engorrosos»? Dame un ejemplo concreto.
Por ejemplo, llegan ofertas de empresas mineras: un cargo como supervisor, y el aviso dice que tienes que tener una carrera de ingeniería, cinco años de experiencia en minería, dos años de inducción o cursos de prevención de riesgos, licencia A5, certificaciones… Yo creo que puede haber una persona que cumpla, pero en lo normal de las personas está muy difícil.
¿Sientes que hay poca oferta laboral real para personas con discapacidad?
Sí. Cuesta mucho. Hay poca oferta laboral y también pasa que las personas —las empresas— no quieren ingresar en este «mundo» de la discapacidad. No quieren hacer adecuaciones, o derechamente desconocen la discapacidad. No le dan la chance a una persona con alguna condición de acceder a un trabajo.
En lo personal, ¿te ha costado encontrar trabajo?
En lo personal a mí no me ha sido complicado encontrar trabajo, pero mi caso no fue una búsqueda convencional. Llegué a la municipalidad gracias a mi esfuerzo deportivo. Yo hice deporte, tuve resultados, presenté un proyecto y me lo aprobaron. Me demoré seis meses. Siento que si no hubiera tenido ese impulso, habría sido imposible; quizás no tendría trabajo hoy día.





























