
Por su crudeza, lo ocurrido este domingo en la cárcel de Huachalalume marca el caso como uno de los más graves registrados en el último tiempo.
Por René Martínez Rojas
Cuesta entender lo que ocurrió en la celda 20 del módulo 91 de la cárcel de Huachalalume en La Serena. Una discusión entre dos internos terminó en un crimen y posteriormente en un acto de canibalismo con impacto regional, nacional y mundial.
Una escena perturbadora para el gendarme que el domingo a las 9 de la mañana se encontró con un reo fallecido, herido con un arma cortopunzante, pero también con marcas en su rostro y otras partes del cuerpo.
Aunque las lesiones apuntaban a la intervención de terceros, lo que impactó fue lo ocurrido después. De acuerdo con la información entregada por el fiscal Eduardo Yáñez, el imputado Manuel Fuentes Martínez (22), justificando el acto como defensa propia, «habría comido algunas partes de la víctima», entre ellas un ojo, parte de las orejas, las manos y el cuello.
Ese mismo día por la tarde fue trasladado al Recinto Especial Penitenciario de Alta Seguridad en Santiago.
Cultura occidental
Por su crudeza, el hecho es uno de los más graves registrados en el último tiempo. Tanto así, que el ministro de Seguridad Pública, Luis Cordero, ordenó que se instruyera a Gendarmería «para adoptar medidas de investigación al interior del establecimiento con el propósito de verificar especialmente la seguridad que existía».
Ambos internos, compañeros de celda, habrían comenzado una discusión que gatilló en el crimen y posterior acto de canibalismo.
En Chile, un caso similar que haya investigado la justicia se remonta a septiembre de 2024 en la comuna de Pudahuel, en Santiago, luego que un grupo de 4 sujetos matara a una pareja, asaran sus restos y los enterraran después en un terreno baldío.
Claro que, otro caso –ya como una historia urbana- data del año 1942 en Sewell, ciudad minera en la región de O’Higgins, donde una mujer asesinó a su esposo y con los restos del cuerpo habría hecho empanadas y luego las vendió a la comunidad.
«Evidentemente reflota una discusión en términos valóricos que implica considerar a las personas cuando mueren dentro de nuestra cultura, puesto que el canibalismo es considerado un tabú. Porque a pesar de que hay muchas culturas en todas partes del mundo que practicaban el canibalismo en términos rituales, la cultura occidental ve esto como un tabú. Prueba de ello es el caso de los rugbistas que tuvieron el accidente en la cordillera de Los Andes y que fueron acusados de canibalismo, después que comieran parte de sus compañeros fallecidos para poder sobrevivir», explica Alex Ovalle, doctor en historia y director de la escuela de pedagogía en historia y geografía de la Universidad de La Serena.
Por lo tanto, el tema del canibalismo en la historia es un caso bien particular, «pero que también pone en tensión a nuestra cultura occidental con prácticas que han existido dentro de la humanidad en otros momentos».
El triunfo sobre la traición
Ahora bien, ¿cómo se podría calificar esta práctica? Para Juan Rojas Palma, sociólogo con magister en pensamiento latinoamericano, «los seres humanos tenemos la costumbre, el instinto de la guerra. Entonces, hay un tema fundamental».
Lo segundo que pone en relieve es qué pasaba con este preso antes de lo sucedido. Por ejemplo, «saber si era antropófago o no, si era caníbal o no. Y por qué ahora se lo come. Teniendo ese análisis, hay que ponerse en el lugar del por qué y qué partes del cuerpo come. Pareciera ser que el mensaje es yo elimino tu vida, corto tu vida, pero aumento en un rol y un estatus a lo que has visto, a lo que has escuchado. Yo no lo catalogaría tan rápidamente como un caníbal, sino que ha hecho lo que todos los hombres han realizado en la historia de la vida, que es el triunfo; yo hago el triunfo sobre la traición, yo hago el triunfo como lo hacen los soldados cuando conquistan un país. Hay aberraciones como esta, violaciones, excesos. Y eso va a generar la pregunta que todavía no se responde en las ciencias sociales. ¿Por qué un hombre o el ser humano mata a otro ser humano?
El fallecido (26 años) tenía un amplio prontuario policial por delitos de robo con violencia y otros menos graves, aunque todos en la Región de La Araucanía.
Mientras que Fuentes cumple condena por un robo con intimidación y robo violencia en agosto de 2022. En 2023 se fugó desde la cárcel de Puente Alto –escalando un muro perimetral- y detenido tiempo después en Argentina y extraditado al país. Desde entonces, Gendarmería lo reclasificó como un interno de alto riesgo.
El cuerpo del fallecido fue trasladado hasta el Servicio Médico Legal, donde hasta el cierre de esta edición continuaban los exámenes forenses que permitirán confirmar la causa exacta de muerte.






























