La destacada baterista de Los Jaivas, haciendo un alto en la promoción de la pasada actividad que trajo al conjunto a la comuna de Coquimbo, recibió a una pequeña fan que viajó desde Estados Unidos solo para conocerla.

René Martínez Rojas

A veces la música trasciende fronteras y generaciones de formas inesperadas. Qué duda cabe de eso. Y así quedó demostrado el pasado jueves en el puerto de Coquimbo, donde la histórica baterista de Los Jaivas, Juanita Parra, protagonizó un emotivo encuentro fuera de los escenarios.

En medio de la agenda que trajo a la legendaria banda nacional a la región, y a 23 años de que Eduardo Gato Alquinta dejara este mundo, Parra se tomó un momento para recibir a una visita muy especial: Alma, una pequeña de 4 años que viajó junto a su familia desde California, Estados Unidos, en un largo viaje que tenía como única misión, conocer a su ídola.

Más de 60 mil personas que se reunieron en La Herradura y entre la multitud, Alma y sus padres. Todo, en un ambiente íntimo y profundamente conmovedor.

Pero la historia de Alma es particular. Es hija del destacado compositor chileno Sergio Torres-Letelier -cofundador de la empresa con sede en California Two Doors Agency- y aunque la menor ha crecido en Norteamérica, sigue manteniendo sus raíces musicales firmemente ancladas en esta larga y angosta franja de tierra.

Según relata su padre, la pequeña baterista ha encontrado en Juanita Parra a una de sus referentes, aprendiendo a tocar el instrumento simplemente observando los videos de la artista en YouTube.

Por lo mismo, el viaje a Chile tenía ese condimento especial de no solo escuchar a Los Jaivas, sino también que Alma pudiera estar con Juanita, al menos algunos minutos.

El encuentro, cargado de emoción, permitió que la «maestra virtual» y su pequeña alumna se conocieran en persona. Juanita, con la calidez que la caracteriza, compartió con Alma, validando que el legado de Los Jaivas no solo vive en la memoria de quienes los vieron nacer, sino que sigue inspirando a nuevas generaciones de músicos, incluso a miles de kilómetros de distancia.

Este gesto reafirma la cercanía de la agrupación con su público y deja una postal imborrable para la familia Torres-Letelier Valenzuela, quienes regresarán a California con la satisfacción de que los ídolos, a veces, son tan grandes como la música que tocan.

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