
La académica de la Universidad Católica del Norte analiza los efectos sistémicos de la intervención de Estados Unidos en Venezuela y advierte sobre el debilitamiento del orden internacional basado en normas, el retroceso del multilateralismo y los riesgos de una escalada global de conflictos.
Por Joaquín López Barraza
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, ejecutada el 3 de enero en Caracas, provocó un amplio rechazo internacional y reabrió el debate sobre los límites del uso de la fuerza en las relaciones entre Estados.
El episodio instala una interrogante de fondo sobre qué ocurre con el sistema internacional cuando una potencia actúa al margen de las reglas existentes.
Desde esa perspectiva analiza el escenario Francis Espinoza Figueroa, académica de la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica del Norte, sede Antofagasta, y doctora en Relaciones Internacionales por la Universidad de Birmingham (Inglaterra).
Más allá del caso Maduro, ¿qué efectos tiene para el sistema internacional que una potencia actúe al margen de los mecanismos jurídicos existentes?
Lo que se observa es un cambio relevante en la forma en que Estados Unidos ejerce su política exterior. Históricamente, sus intervenciones solían justificarse dentro de algún marco normativo internacional, asociado a la seguridad global y, en algunos casos, con respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. En Venezuela eso no ocurre: la acción se sustenta en argumentos de política interna, como el narcotráfico, sin pasar por el Congreso ni buscar validación internacional. Esto refleja un reordenamiento político, especialmente en América Latina, orientado a consolidar una hegemonía en el hemisferio occidental.
¿Qué riesgos se generan cuando la fuerza comienza a imponerse por sobre el derecho, incluso frente a gobiernos considerados autoritarios?
El riesgo es alto. Desde la teoría de las relaciones internacionales, esto se explica a través del realismo ofensivo: los Estados comienzan a maximizar su poder de forma agresiva, no defensiva. Eso genera baja cooperación, carrera armamentista y escenarios de escalada, donde la fuerza deja de ser excepcional y pasa a normalizarse como herramienta de política exterior.
¿Cómo se debilitan los organismos multilaterales —como la ONU o la Corte Penal Internacional— cuando los Estados actúan unilateralmente?
El multilateralismo ya venía debilitado, pero estas acciones profundizan esa crisis. Los organismos internacionales quedan al margen de las decisiones y pierden capacidad de incidencia real. Cuando se vulnera el orden internacional basado en reglas, también se erosiona la institucionalidad que sostiene ese sistema, dando paso a una lógica donde el más fuerte impone su voluntad.
¿Existe el riesgo de que este tipo de acciones terminen siendo usadas selectivamente, dependiendo de quién tenga más poder militar o económico?
Ese riesgo es evidente. Este precedente puede ser utilizado por otras potencias como Rusia, Irán o Corea del Norte para justificar futuras intervenciones. Cuando el poder militar se impone sobre la diplomacia, el sistema internacional se vuelve más inestable y propenso a conflictos regionales y globales.
¿Qué señales recibe el resto del mundo cuando las reglas parecen no aplicarse por igual para todos los Estados?
Aunque las reglas nunca se han aplicado de manera completamente equitativa, existía un consenso mínimo sobre su respeto. Hoy ese consenso se rompe: una superpotencia interviene directamente, pasa por alto a los organismos internacionales y altera el equilibrio global. Cuando el orden basado en reglas se debilita, lo que se instala es un escenario de incertidumbre y riesgo para todos los Estados.
Petróleo :
El trasfondo económico detrás del interés de Trump
El petróleo se ha convertido en uno de los ejes centrales del debate internacional tras la captura de Nicolás Maduro. Más allá del escenario político inmediato, la atención se ha desplazado hacia el peso estratégico de la industria petrolera y su relación histórica con Estados Unidos.
En ese contexto, el análisis no se explica solo desde la coyuntura actual, sino también desde una serie de decisiones económicas y legales que arrastran efectos hasta hoy, especialmente aquellas vinculadas a la nacionalización del sector energético y a los conflictos entre el Estado venezolano y empresas extranjeras.
Según explica Édgar Fuentes-Contreras, experto en Derecho Internacional y académico de la Universidad de los Andes (Uandes), el discurso del presidente Donald Trump sobre Venezuela responde, en parte, a una lógica dirigida al público interno estadounidense. «El tema del petróleo en el caso de Estados Unidos está muy vinculado por el discurso que hace Trump, pero hay que recordar que es un discurso que hace especialmente para los norteamericanos, que están cansados de intervenciones del país a otras situaciones donde generalmente no les representa nada a ellos».
Al respecto, el especialista señala que uno de los hitos clave en esta relación fueron los procesos de nacionalización iniciados en la década de 1970 y profundizados en 2007, cuando se concretaron expropiaciones que afectaron directamente a compañías petroleras estadounidenses.
































