El proyecto liderado por CEAZA y financiado por CORFO implementa sistemas de «infraestructura verde» en Paihuano y Ovalle. La iniciativa, que ya opera al 90% de su capacidad, permitirá reutilizar aguas de procesos industriales para el riego de cultivos tradicionales y la restauración de suelos degradados en zonas áridas.
Por René Martínez Rojas
En un escenario donde la crisis hídrica exige respuestas urgentes y creativas, la Región de Coquimbo se ha convertido en el epicentro de una solución que combina la ingeniería de vanguardia con los procesos de la naturaleza.
Se trata de los «humedales artificiales depuradores», una apuesta tecnológica que busca dar una segunda vida a las aguas residuales industriales (Riles) de dos de los rubros más emblemáticos de la zona: el pisco y la cerveza.
El proyecto, financiado por CORFO como un bien público de 22 meses de duración, es liderado por el Centro Científico CEAZA, y su objetivo central es la depuración de las aguas utilizadas en el lavado de equipos y maquinarias, un insumo que hasta ahora representaba un residuo difícil de gestionar y que hoy se perfila como un recurso clave para la resiliencia del territorio.
Verde e invisible
A diferencia de las plantas de tratamiento convencionales, estos sistemas se basan en el concepto de «infraestructura verde». Según explicó el Dr. Ismael Vera, investigador de la Universidad Católica del Maule y diseñador del sistema, se trata de humedales de tipo subsuperficial.
«Esto quiere decir que el agua no será visible; en la superficie lo que veremos son plantas. Es un sistema donde el residuo ingresa, se depura a través de procesos naturales en el sustrato y sale con una calidad definida para su reutilización», detalló el experto.
Actualmente, los sistemas piloto instalados en la Pisquera Fundo Los Nichos (Paihuano) y en la Cervecería Atrapaniebla (Ovalle) se encuentran en fase de ajuste, alcanzando ya un 90% de su funcionamiento normal tras haber iniciado su implementación en marzo del año pasado.
Impacto en el territorio
La reutilización del agua tendrá fines específicos según la ubicación del piloto. En el caso de Fundo Los Nichos, el agua tratada alimentará una parcela demostrativa destinada a conservar cultivos tradicionales de la zona, como vides, damascos y duraznos antiguos.
Por su parte, en Peñablanca (Ovalle), la Cervecería Atrapaniebla utilizará el recurso para la regeneración ecológica.
Miguel Carcuro, co-fundador de la cervecería, destacó que «nuestra motivación principal es tratar de gastar la menor cantidad de agua y hacerle un bien a los suelos degradados donde se encuentra la cervecería. Este proyecto permitiría regar una zona con especies nativas. Nos interesa recuperar las aguas grises, las que estamos desechando y deseamos reutilizarlas para darles un fin con un sello sustentable».
Desde el Consejo Regional, el presidente de la Comisión de Recursos Hídricos, Francisco Corral, valoró la vinculación entre el organismo científico y el Gobierno Regional, pues «CEAZA es parte de la casa, gracias a los proyectos que desarrollan y la información que generan, tomamos decisiones para orientar los recursos».
Destacó la relevancia de alternativas naturales y subrayó la necesidad de articular estas iniciativas con la Comisión Nacional de Riego. Asimismo, puso énfasis en la brecha de monitoreo nival, «puesto que necesitamos empezar a trabajar más en la cordillera, que es el inicio del recurso hídrico Y evaluar alternativas como retención de nieve».
Mientras que Claudio Vásquez, gerente corporativo de CEAZA, concluyó que este proyecto marca una nueva etapa para el centro científico, «además de generar conocimiento de alto nivel, estamos entregando soluciones prácticas basadas en la naturaleza para avanzar hacia una gestión eficiente del agua en una región que enfrenta un proceso de desertificación progresivo».

































