Fue el 18 de mayo, en horas de la tarde, cuando la mayoría de los funcionarios y estudiantes se había marchado. Desde entonces, la Universidad de La Serena ha mantenidos sus campus en toma, pero una toma feminista que busca la reivindicación del género.
Cuesta saber lo que buscan, ya que nadie habla, cualquier información la dan por comunicados a través de redes sociales, la Asamblea de Mujeres Autoconvocadas, quienes lideran esta toma no sólo en La Serena, sino que en la mayoría de las universidades paralizadas del país para reclamar por una educación no sexista, en donde todos los planteles convergen en su eliminación.
Situación similar se refleja desde rectoría de la universidad, ya que todas las informaciones oficial han sido a través de comunicados y declaraciones.
En algunos lugares que estaban en toma, fueron depuestas como la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile y ahora último se llegó a término la toma feminista de la Universidad de Concepción, última institución tomada en la región sureña.
Actualmente, continúan los lienzos colgados en prácticamente todos los edificios. «Contra el capital y la violencia patriarcal», reza uno de ellos en el Campus Bongard. También se puede leer un rayado: «estudiantes ‘unidas’ en la lucha». Otro, en el frontis Ignacio Domeyko: «De camino a casa queremos ser libres, no valientes».
El decano de esa facultad, Mario Duran Lillo, anteriormente había comentado que «todos los estudiantes de la Facultad a través de sus centros de estudiantes realizaron una votación y se tomó la decisión de ocupar los espacios físicos (toma) como medida preventiva para evitar que personas externas a la Facultad se tomaran las dependencias».
El decano aclaró que «las clases se reprograman de acuerdo al calendario académico establecido por la Vicerrectoria Académica de la Universidad. No existirán clases perdidas, se prolonga el semestre hasta cumplir las 18 semanas establecidas por semestre».
Esta manifestación se debe a los supuestos abusos y acosos sexuales que se han cometido en la casa de estudios, en donde los estudiantes han manifestado la inexistencia de un protocolo al interior de la universidad para tratar temas de abusos de toda índole.
Dentro del petitorio exigen una educación pública, pluralista, no sexista, libre de acoso y abuso, además adoptaron tres directrices de movilización, «nos declaramos anti patriarcales, anti capitalistas y anti fascistas».
La movilización feminista venía gestándose en un primer momento por el contexto internacional. Los movimientos «Ni una menos» y «MeToo» llegaron a Chile y, basándose en el emblemático caso de Nabila Riffo, generaron marchas que exigían el fin de la violencia machista en contra de la mujer.
El asunto se acrecentó cuando en abril se conocieron masivas denuncias por acoso y abuso sexual contra profesores y estudiantes en distintas universidades del país, que ante pocas respuestas, motivaron tomas y paros que para suma 18 universidades, produciéndose una masiva movilización estudiantil feminista a lo largo del país.































