
Lo que comenzó como una expresión espontánea de color y libertad, hoy se ha transformado en un proyecto que inspira, conecta y promueve la inclusión. Samanta Elzo, joven artista de 25 años con Síndrome de Down, junto a su madre María Eugenia Carvacho, dieron vida a la pyme «Samay Arte Inclusivo», un emprendimiento donde el arte se convierte en un lenguaje universal.
Samanta pinta desde los 14 años. Fue en esa etapa cuando su madre, al observar sus capacidades y la profunda conexión que demostraba con el arte desde niña, decidió impulsar su creatividad. «Siempre tuvo una sensibilidad especial, una forma única de expresarse a través del color», relata María Eugenia.
Actualmente, sus productos se pueden encontrar en Espacio Sindeland, expo ubicada en Sindempart, Coquimbo, y también a través de Instagram en la cuenta @samay_arte_inclusivo, donde comparten sus creaciones y el mensaje que inspira cada una de ellas.






























