Por Joaquín López Barraza

Estudiantes del Colegio María de Andacollo convirtieron la Quebrada de Peñuelas en un laboratorio natural. Con salidas a terreno realizadas en agosto y septiembre, grupos de cuatro a cinco alumnos han recorrido las laderas del sector para fotografiar especies, tomar apuntes y comparar registros en el colegio, en una experiencia guiada por el profesor de Ciencias Naturales y educador ambiental Julio Maureira.
La investigación escolar, desarrollada entre 2017 y 2020, permitió pasar de un registro inicial de 23 especies de flora silvestre a un catastro actualizado de 35. De ese total, 26 corresponden a flora endémica, es decir, propia de esta zona, mientras ocho son nativas y una exótica. Los artículos también advierten la presencia de especies en categoría vulnerable y una en peligro.
«Desde el año 2021 que desarrollo ciencia en el territorio. Hago clases en Tierras Blancas y con mis estudiantes usamos la quebrada de Peñuelas como un laboratorio natural. Desde ahí empieza la investigación científica y empezar a dar valor a este espacio natural», señala Maureira.
El dato que más llamó la atención fue justamente el alto nivel de endemismo. «Lo impactante de esta investigación fue que el 73% de la flora silvestre presente en la quebrada es endémica», resume el docente. Esa cifra ayuda a mirar de otra forma un lugar que a simple vista podría parecer solo un terreno eriazo, pero que en realidad alberga una riqueza vegetal poco visible para buena parte de la comunidad. El estudio más reciente incluso caracteriza el sector como matorral desértico mediterráneo costero.
El trabajo también permitió observar cómo la disponibilidad de agua influye en la presencia de especies. En el registro comparado entre 2017 y 2019, los estudiantes detectaron una fuerte baja en 2019, año marcado por escasas precipitaciones, lo que reforzó la relación entre clima y vegetación en este ecosistema.
«Si no conocemos, no protegemos. Si yo no conozco esa planta, cómo se llama y por qué está, y la veo medio seca, por ejemplo, puedo pensar que está muerta y sacarla, pero no es necesariamente así, porque puede estar en una etapa diferente, y puede estar esperando la próxima lluvia», explica Maureira.