Políticos y académicos locales analizan el complejo escenario que enfrenta el Ejecutivo tras cumplir 56 días de mandato. Mientras asoman las primeras grietas por la falta de coordinación, experto advierte que el diseño de un gabinete con perfil técnico y poco político está pasando la cuenta en carteras estratégicas como Hacienda y Seguridad.

Por René Martínez Rojas

El reloj marca hoy los primeros 56 días de la administración del Presidente Kast y lejos de la tradicional luna de miel, el día a día ha estado marcado por un clima de tensión que trasciende a la oposición.

Un panorama que en la Región de Coquimbo también se ha instalado respecto de la capacidad de conducción del llamado Segundo Piso y la cohesión de la coalición gobernante.

Erich Grohs, diputado del Partido Nacional Libertario (PNL), dice que el panorama es de alerta. Desde una postura que no escatima en autocrítica, el parlamentario señala que el Ejecutivo enfrenta fallas de organización que no pueden ignorarse.

«No se puede gobernar con peleas de ego y falta de coordinación entre ministerios», fustigó, añadiendo que la ciudadanía votó por certezas «y no por un gabinete que se contradice públicamente».

Según el legislador, ser parte del oficialismo no implica «ser ciegos ante la ineficiencia» y en cuanto a su diagnóstico, «hay una preocupante sensación de no avance y es fundamental que haya una conducción política clara que priorice las urgencias que el país exige en economía y seguridad».

«Ajustes de instalación»

Una mirada más matizada ofrece Fernando Toro, presidente regional de la UDI. Para el dirigente, lo que se vive es un proceso natural de ajuste ante transformaciones profundas, entonces «más que hablar de un problema estructural, lo que vemos acá es la necesidad de seguir afinando los mecanismos de conducción política, para poder fortalecer las articulaciones entre los distintos niveles del Ejecutivo», sostiene.

Toro desestima que las observaciones internas sean un signo de debilidad, toda vez que «el gobierno cuenta con un mandato y liderazgo claro, pero siempre es posible perfeccionar la coordinación para que las determinaciones se implementen con mayor rapidez, coherencia y eficacia».

Por el contrario, asegura que el debate dentro del oficialismo es una «legítima y necesaria conversación sobre cómo fortalecer la conducción política, ya que en una coalición sería debatir, hacer observaciones y plantear mejoras no es un signo de debilidad, sino que de un compromiso con el gobierno para que le vaya bien».

Un diseño «poco político»

Desde la academia, Manuel Escobar, analista de la Universidad Católica del Norte (UCN) sede Coquimbo, aporta una visión más estructural al fenómeno.

A su juicio, el gobierno apostó por un diseño «novedoso» pero arriesgado, con un gabinete conformado por ministros con escaso recorrido político.

«En consecuencia, dejaron de lado a los socios de la coalición y, por ende, tiene las dificultades que te imaginas, lo que ha generado tensión en la coalición que acompaña al gobierno y en la implementación del diseño de la instalación del Ejecutivo», explica.

Además, identifica dos flancos críticos: el desempeño de los titulares en Hacienda y Seguridad Pública, «de hecho los dos ministerios más importante desde el punto de vista del programa que tienen como gobierno», y el rol del Segundo Piso en la comunicación intersectorial, «lo que ha generado dificultades y que el presidente haya tenido que salir a organizar, además ha implicado que los partidos políticos del bloque hayan tenido observaciones y tensiones».