Desde la Parte Alta de Coquimbo, dirigentes de la Fundación de las Familias aseguran que autoridades del Ministerio de Desarrollo Social comunicaron en reuniones de fines de abril el cierre de los programas a nivel nacional, aunque hasta ahora no existe un acto administrativo que lo formalice.

Por Joaquín López

Siete trabajadores sostienen el funcionamiento de un centro comunitario que atiende a cerca de 1.800 personas al año. Desde ahí, el director del recinto y dirigente sindical de la Fundación de las Familias afirma que la decisión ya fue comunicada: el cierre de los programas y de la propia institución.

«Se nos informó que se va a cerrar el programa Familia Digital y, por ende, toda la fundación», sostiene Héctor Marín, director del Centro Familiar de Coquimbo y presidente del Sindicato Único de Trabajadores de la Fundación de las Familias.

Cronología: reuniones y
anuncio de cierre

Según relata el dirigente, la señal se transmitió en una serie de reuniones sostenidas a fines de abril con autoridades del Ministerio de Desarrollo Social.

«El día 27 de abril —según su relato— el subsecretario de Servicios Sociales Alejandro Fernández se reúne con el comité ejecutivo de la fundación y comunica que el programa Familia Digital se va a cerrar y, por ende, toda la fundación», afirma.

Agrega que al día siguiente se realizó una nueva reunión con participación de SernamEG, el Ministerio de la Mujer y el propio ministerio. «En esa instancia —según indica— se anunció también el cierre del programa de Desarrollo Familiar», señala.

De acuerdo con su versión, ambas decisiones fueron posteriormente informadas a los trabajadores por el equipo directivo, sin que exista hasta ahora un documento formal que las respalde.

Sin acto formal, pero con
decisión comunicada

Pese a la gravedad del anuncio, el propio dirigente reconoce que el proceso aún no se ha formalizado administrativamente. «Para que ocurra el cierre tiene que constituirse el directorio y aprobarlo mediante un acta. Eso no ha pasado», explica.

Aun así, insiste en que la definición ya estaría tomada a nivel ministerial. «Es el subsecretario la persona que va a liderar este cierre», afirma.

Más de 50 centros y
miles de usuarios

La fundación ejecuta actualmente dos programas principales: Familia Digital, con 40 centros a nivel nacional, y el Programa de Desarrollo Familiar, con otros 12 espacios como el de Coquimbo.

«Son 52 centros que se van a perder a lo largo de Chile», sostiene Marín, quien advierte además que la medida afectaría a más de 150 trabajadores.
El impacto —según plantea— sería directo en las comunidades. «Si se cierra el programa, indudablemente la gente va a perder acceso», señala.

Evaluación positiva y
crítica al proceso

El dirigente asegura que los programas cuentan con buenos indicadores de cumplimiento y cuestiona que la decisión se esté tomando sin conocimiento directo del trabajo en terreno.
«El programa tiene más del 100% de cumplimiento de metas y más del 90% de las familias reporta mejoras en sus relaciones», afirma. En esa línea, critica la falta de diálogo con las comunidades.

«Se está tomando una decisión sin escuchar a los trabajadores ni a las comunidades», sostiene.

Funcionamiento en crisis

Mientras se define el futuro de la fundación, los trabajadores aseguran que el funcionamiento ya enfrenta dificultades. «No tenemos recursos ni siquiera para materiales básicos, y no sabemos si se van a pagar los sueldos», advierte.

Un conflicto abierto

El escenario se da en medio de la controversia generada por el decreto de Hacienda que establece recortes en el Ministerio de Desarrollo Social.
Mientras desde el Gobierno se ha señalado previamente que estos ajustes responden a un proceso presupuestario ya definido, desde los trabajadores advierten que el impacto podría traducirse en el cierre de programas y centros comunitarios en distintas regiones del país. «Si estos espacios desaparecen, las personas se quedan sin nada», insiste el dirigente.

«Esta es nuestra segunda casa»

Para quienes participan del centro de la Fundación de las Familias en la Parte Alta de Coquimbo, la posible suspensión de los programas no es solo un ajuste administrativo, sino una pérdida directa en su vida cotidiana.

Mónica Villalobos, usuaria desde hace más de 30 años, resume el vínculo con el espacio: «Esta es como mi segunda casa. Yo en mi casa quedo sola, entonces vengo acá a entretenerme, a los talleres, a compartir. No queremos que lo cierren».

En la misma línea, Olga Peralta, quien se integró recientemente al grupo tras llegar desde Iquique, advierte el impacto que tendría para los adultos mayores.

«Sería una pena que cierren esto. Nosotros venimos a compartir, a no estar solas en la casa. ¿Dónde vamos a ir si esto se termina?», plantea.

Ambas coinciden en un mensaje hacia las autoridades: «Que lo piensen bien y que vengan a ver quiénes vienen acá. Este lugar lo necesitamos».