
Las banderas venezolanas se alzaron frente al mar entre gritos, abrazos largos y lágrimas imposibles de contener. Desde las 15 horas, la comunidad venezolana comenzó a reunirse de manera espontánea en el Faro Monumental de La Serena para expresar su alegría y esperanza tras la captura de Nicolás Maduro, en una escena cargada de emoción para quienes llevan años viviendo lejos de su país.
Por: Valentina Echeverría O.
A medida que avanzaba la tarde, el grupo fue creciendo. Familias completas, jóvenes, adultos mayores y niños se reencontraban en un mismo espacio, muchos sin conocerse previamente, pero unidos por una historia común de exilio, dolor y espera. Cada saludo se transformaba en un abrazo y, ante cada pregunta, las lágrimas aparecían casi de inmediato.
Laura Guedes, representante de la Hermandad Venezolana Cuarta Región, explicó su emoción del momento. «En un principio, durante la madrugada, fue un llanto de alegría. Ganas de volver, de salir corriendo y estar allá. Ha sido un día muy eufórico para toda la comunidad venezolana», señaló.
No obstante, agregó que también existen emociones encontradas. «Estamos felices por lo que significa la caída de Maduro, pero sabemos que esto no se acaba aquí. Aun así, hoy es un día para celebrar y volver a sentir esperanza después de muchos años».
La emoción del exilio reciente se reflejaba en Nancy Delgado, quien llegó a Chile hace solo un año. Visiblemente conmovida, relató que «me sentí muy feliz, esperanzada, libre. De verdad no lo podía creer. Volver a Venezuela siempre ha sido mi sueño, mi ilusión», comentó. «Lo extraño mucho, y ver esto hoy es una emoción enorme», agregó.
Una experiencia distinta, marcada por el paso del tiempo y una vida ya construida fuera de su país, fue la que compartió María Medina, quien lleva casi una década viviendo en Chile.
«Al principio fue shock, pensé que no podía ser verdad, como tantas veces antes. Pero cuando confirmé, no hay palabras. Es alivio, miedo e incertidumbre, pero también mucha euforia y felicidad», expresó.
María explicó que salió de Venezuela por persecución política y que, aunque ha formado su vida en Chile, la posibilidad de volver a ver a su país libre sigue siendo un sueño. «No sé si volvería a vivir allá, pero poder regresar y verla libre es algo enorme».
Los recuerdos del exilio y la lucha vivida en familia también estuvieron presentes en el testimonio de Gilmary Serrano, quien dejó Venezuela hace ocho años. «Al principio fue incredulidad. Han sido muchas las veces que pensamos que esto podía pasar y no ocurrió. No lo creí hasta que vi los mensajes de mi hijo, que desde la madrugada no paraba de llamarme y enviarme videos», relató.





























