Director del INSUCO: «Aunque a algunos no les guste y lo quieran ocultar, Marcianeke es reflejo de un tipo de estudiante que tenemos en el país»

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Premiado como Hijo Ilustre de Coquimbo recientemente por la administración municipal, el profesor y director del Instituto Superior de Comercio de Coquimbo, Fernando Carvajal Araya (60), analiza el presente de su proyecto educativo, el cual lidera desde hace 18 años. En conversación con LA REGIÓN, desglosa la problemática de la violencia que azota de manera transversal a la escolaridad a lo largo de Chile, crisis de la que no se escapa el INSUCO ni otros recintos de la zona. Entrega su mirada de las aristas que muchos expertos apuntan como responsables en el actuar de los jóvenes.

Nos recibe en su gran oficina en el establecimiento de la calle Doctor Marín, que durante la semana pasada estuvo celebrando su aniversario número 117. Cuenta estar feliz y orgulloso de haber recibido el diploma distintivo durante el desfile en la Plaza de Armas. Aquello fue gracias a su destacada trayectoria, enseñando en escuelas rurales de Limarí y el Valle de Elqui, «llevando la universidad al campo», dice con el pecho inflado.

Egresó del entonces Liceo Comercial A-6, hoy INSUCO, donde obtuvo el título de Contador en 1979. En 1983 se tituló de Profesor de Educación General Básica en la Universidad de La Serena, además de ser Licenciado en Educación de la U. Católica del Norte. Es el primer integrante de su familia en ir a la universidad. Entre otros estudios, tiene un Magíster en Educación mención Currículum y Evaluación, de la Universidad Miguel de Cervantes.

Su trabajo comenzó a sonar con fuerza entre los maestros del puerto por 1990, cuando asume como Jefe Técnico de la Escuela Lucila Godoy Alcayaga, y desde el 1992 como su director. «En el sector de La Cantera cambiamos la perspectiva de hacer educación. Era un lugar, que estando a 15 minutos del centro de Coquimbo, no tenía agua potable ni sistema de alcantarillado (…) enceramos las salas y hacíamos limpieza a diario, para que los alumnos sintieran que ir a la escuela era una buena experiencia, que existía otra realidad a la que vivían»

¿Cuánto lo marcó haber enseñado en escuelas de Tulahuén o Quebrada de Talca?
Tuve la suerte de haber sido formado en la ULS con la última camada de profesores normalistas, donde nos inculcaron fuertemente el tema de la vocación. Ellos nos decían que era trascendental poder llevar educación a los sectores rurales y apartados. A los 22 años, y una vez egresado, me fui a ejercer a la cordillera, al sector de las Ramadas de Tulahuen, casi al límite con Argentina. Allá tenía que hacer caminatas de seis horas para tomar una locomoción que me llevara a la escuela donde enseñaba, muchas veces tenía que hacer el recorrido a caballo, pues no había otra forma de bajar los caminos pedregosos. Nunca lo vi como un gran sacrificio, al ser tan joven lo veía como una aventura o un desafío, además me pagaban por hacer lo que me gustaba.

¿Cómo observa la escalada de violencia que afecta a estudiantes en los colegios del país?
En marzo, cuando volvimos de manera más completa a clases presenciales, notamos un notorio aumento de peleas y violencia tanto al interior como al exterior del establecimiento. A mi parecer son las redes sociales el gran factor que exacerba la crisis. El haber estado tanto tiempo sin asistir a clases, hizo que los estudiantes hayan interactuado más de lo normal en redes, donde por lo habitual se ocupa un lenguaje agresivo y directo. Todo el mundo insulta a cualquiera, ya que te da la chance de ocultarte. Lo más probable que esas riñas en vivo y en directo nunca sucedan. Entonces esta vuelta les pasó la cuenta, llegaron todos ansiosos. En ese sentido le paso la pelota a los mismos estudiantes, la autorregulación es clave.

¿Cuál es la realidad del INSUCO en cuanto a hechos de violencia?
Una vez retomada la presencialidad, tuvimos peleas, pero gracias al notable rol que ha jugado el centro de alumnos hemos podido frenar esta problemática. Acordamos que de no haber peleas en 10 días consecutivos los íbamos a premiar con una jornada recreativa donde no se pasen materias y en la que el estudiante se pueda distraer, como lo hicimos ahora último en el día del estudiante y en la semana de aniversario.

¿Ha dado resultado esa técnica?
Totalmente, no te digo que en las últimas semanas no hemos tenido riñas, pero han bajado notablemente. Cuando hubo señales de una pelea, estudiantes de cuarto medio se metieron a separar de inmediato, porque sabían que corría en peligro el aniversario, creo que es una excelente forma de mantener la paz.

Se culpa a la música urbana de promover las pistolas, la violencia y el consumo de drogas en los escolares… ¿Comparte?
Me ha dado el tiempo de conocer a este cantante de moda llamado Marcianeke y sus letras. Tenía que saber quién era el joven que hoy es ídolo de los niños. Aunque algunos no les guste y lo quieran ocultar, Marcianeke es reflejo de un tipo de estudiante que tenemos en el país. Por más que queramos ocultarlo o esconderlo bajo la alfombra, es una realidad. Así, los profesionales de la educación, en vez de mirar para al lado y hacernos los desentendidos, debemos aceptar que el muchacho canta vivencias que hoy representan a gran parte de nuestros alumnos. No creo que la música influya en su actuar, lo clave es como fuiste tratado de niño, si fue con amor y respeto lo más probable es que no te metas en cosas malas.

¿Revisan las mochilas?
Solo a los que de manera voluntaria lo estimen. Los apoderados aceptan aquello al momento de la matrícula. Es aleatoria la revisión.

¿A cuantos estudiantes habrá expulsado en su vida?
¿Yo? A ninguno, no creo, no, no (…) entiendo que a ninguno, y espero no hacerlo nunca. Los que se fueron lo hacen por voluntad propia. Es que ese no es el rol de un profesor ni de un proyecto educativo social como el que pretendo yo. Es como cerrarle la puerta a un joven que ya viene mal, pisotearlo en el piso. Debemos entender que hay estudiantes que tienen otros tiempos.

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