La situación es más preocupante aún si se considera que la escasez hídrica acumula más de una década. Científicos advierten que no existe una respuesta única ni mágica para hacerle frente. 

Por René Martínez Rojas

Qué duda cabe que el panorama actual hídrico en la región es complejo. Y desde años. Incluso, con puntos críticos y sus embalses con menos de la mitad de su capacidad.

El Limarí el más complejo, hoy con un 12% debido a una constante disminución en los niveles de agua. Según los datos entregados por el Boletín Climático de CEAZA, Elqui tiene un 22% con respecto a su capacidad y el Choapa con un 86% exhibe un panorama más aliviado.

En concreto, la capacidad regional disminuyó desde 21% en noviembre a 19% en diciembre de 2025.

Para los expertos es ya un tema estructural, como reconoce el doctor Claudio Balbontín, director regional del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA Intihuasi.
«El déficit es estructural», dice tajante. Y explica que «es un concepto que podríamos llamarlo permanente, de baja disponibilidad hídrica».

Bajo su experiencia, lo que se debería hacer «es ajustar no solo nuestras superficies cultivadas, sino también aumentar la eficiencia hídrica, tecnificar al máximo los sistemas, utilizar metodologías para regar y que estén basadas en métricas, en números, y un buen cálculo de las necesidades de riego para que podamos salvar esta situación, porque de otra manera siempre estaremos al límite».

Cree que las soluciones de nuevas fuentes hídricas, como la desaladora, puede ser una solución, «pero eso es agua para la población», afirma.

«No son soluciones reales», advierte. Y aunque la desaladora tiene su importancia para lo que se quiere hacer, «que eso vaya a darnos un respiro en la agricultura puede que no suceda. Es como que hagamos más carreteras para los autos, pensando que eso nos quitará la congestión. Al final, aparecen más autos y volvemos a estar congestionados. Entonces, con el tema del agua nos va a pasar lo mismo».

Aunque no es un experto en el pronóstico, precisa que siempre vamos a tener problemas de bajas precipitaciones y con el cambio climático probablemente menos nieve de la cordillera.

«Por lo tanto, seguiremos teniendo dificultad de disponibilidad hídrica, así que necesitamos trabajar en el aumento de la eficiencia hídrica y me importa mucho dejar claro eso, porque ese es un camino viable. Aumentar la eficiencia hídrica es para nosotros, como instituto de investigación en riego, el camino más viable para solucionar el problema».

Dos tercios del agua

Pese a las lluvias pasadas, las condiciones a lo largo del año no cambiaron. Y duda que cambien, dice Pablo Álvarez, director académico de la Universidad de La Serena, director del laboratorio PROMRA y del consorcio del agua Quitai-Anko.

Porque no basta con todo lo que se está haciendo para terminar con la escasez. Para él, «sin duda es insuficiente». Y aclara que «la magnitud del déficit que hay estructuralmente es mucho mayor que la disponibilidad hídrica y que la disponibilidad hídrica de largo plazo».

Pero no solo es en la región, «sino que en el fondo es una respuesta general». Como ejemplo, asegura que el déficit en la región en comparación a inicios del año 1900 es hoy dos tercios del agua que teníamos, «entonces la magnitud del déficit es de ese orden, de esas dimensiones. Donde antes llovía 120 milímetros hoy día caen 80. Esa diferencia entre 120 y 80 es nuestro déficit estructural».

Cuenta que desde el PROMMRA (Laboratorio de Prospección, Monitoreo y Modelación de Recursos Agrícolas y Ambientales) están trabajando en perfeccionar su sistema de pronóstico estacional «que hacemos actualmente con modelos que son físicos y vamos a empezar a desarrollarlo con inteligencia artificial a través de un proyecto FONDEF que desarrollamos con la Universidad de Valparaíso».

De igual manera dice tener «pronósticos de corto plazo» a través del sistema HidroCL a uno de cinco días, al que se le están haciendo los últimos ajustes.

«Y por supuesto, todo lo que hacemos en eficiencia y gestión hídrica a través de los sistemas de agua potable rural, también a través de la electrónica y el monitoreo de agua de los recursos hídricos…».

Asevera que en los primeros dos trimestres de este año «la situación desde el punto de vista de la temperatura de superficie del mar en el Ecuador es en torno a la neutralidad. Y no estoy diciendo ninguna novedad, porque lo habitual en los primeros dos trimestres es que tampoco llueva. Así que lo único que podría señalar es que continuará tal cual, es decir con los siguientes trimestres secos».

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