A días de cumplirse un año desde el inicio de la crisis por la mosca de la fruta, agricultores acusan pérdida de cosechas, intervenciones «violentas» en predios, uso excesivo de químicos y falta de diálogo con las autoridades. «La sensación es que están destruyendo nuestra forma de vida», afirmó la dirigenta campesina Consuelo Infante.

Por: Valentina Echeverría O.

«El drama es brutal». Así resume Consuelo Infante, presidenta del Consejo Comunal Campesino de Monte Patria, el último año vivido por cientos de agricultores de la comuna tras las campañas de erradicación de la mosca de la fruta impulsadas por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

A pocos días de que se cumpla un año desde la detección de los primeros ejemplares —- 15 de mayo —-, la dirigenta asegura que el impacto va mucho más allá de la pérdida económica. Habla de ansiedad, impotencia, desgaste emocional y una profunda sensación de abandono.

«De la noche a la mañana llega un funcionario público y te dice que cayó una mosca, que tu predio está bajo cuarentena y que tienen que bajarte toda la fruta, podar los árboles, meter todo en bolsas plásticas, hacer zanjas y rociar químicos. El grado de violencia que supone que el Estado destruya tu forma de vida y tu sustento del año ha sido brutal», sostuvo.

«Nadie sabía cómo detener esto»

Según relata Infante, uno de los mayores problemas ha sido la incertidumbre permanente y la falta de respuestas claras. «La ansiedad de no saber cuándo se va a terminar esto es tremenda. Las medidas fueron erráticas y cuando se les empezó a ir de las manos, nosotros veíamos cómo cambiaban jefes de campaña mientras el problema seguía creciendo», afirmó.

La dirigenta sostiene que desde las comunidades rurales se propusieron tempranamente medidas preventivas, como controles carreteros y cosechas anticipadas controladas, pero asegura que nunca fueron escuchados.

En medio de los primeros meses de la crisis, agricultores de Tulahuén realizaron un catastro que estimó cerca de 70 mil kilos de fruta en riesgo en el sector. Ricardo Villalón, dirigente agrícola y productor de la localidad, aseguró que las consecuencias todavía se sienten. «Ahora viene la segunda producción y no tengo ni un tercio de lo que tenía esa vez. Hay árboles que simplemente no tienen fruta», afirmó.

«Entraban a los predios sin siquiera saludar»

Otro de los puntos más críticos, según la representante campesina, tiene relación con el trato recibido durante las intervenciones. «Al principio entraban a los predios sin siquiera saludar, sin presentarse, simplemente porque tenían una resolución que los habilitaba. Muchas veces ingresaban por cualquier lado. Fue una falta de respeto enorme», relató.

A ello suma cuestionamientos por la aplicación de químicos y el manejo operativo en los terrenos. «Están echando veneno en lugares donde vive gente, porque el campesino produce donde vive. Hemos visto personas aplicando productos sin tener acreditación. Mezclan químicos en botellas de bebida, algo que al mismo SAG le corresponde fiscalizar»,.

«Nos están haciendo desaparecer»

La dirigenta sostiene que el desgaste emocional ha sido profundo en las familias campesinas, especialmente en adultos mayores y agricultores que llevan décadas trabajando la tierra.

«Estamos hablando de personas que resistieron la sequía, la escasez hídrica y el avance del desierto para mantener vivos sus huertos. Y ahora sienten que todo eso está siendo arrasado», señaló.

Incluso, reveló que hace algunos días un agricultor de la comuna se quitó la vida mientras su predio era intervenido. «La sensación que tenemos es que más que un Chile sin mosca, vamos camino a ser un Chile sin campesinos».