Brasil decime qué se siente ver a Argentina en la final

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9Como un partido de ajedrez. Así se jugó el encuentro entre Argentina y Holanda por el paso a la final del Mundial de Brasil 2014.

Fueron 90 minutos cerrados, donde hubo escasas ocasiones de gol en las porterías de Romero y Cillessen, pero donde los equipos no se dieron ventaja marcando a sus principales figuras y anulando al rival.

Tiempo reglamentario. Tiempo suplementario. La misma fotografía. Algo mejoró Robben con el correr de los minutos, pero no bastó. Messi, en cambio, se fue apagando, al punto de no pisar el área rival con balón dominado. Recién daría señales de vida en el minuto 116 con un desborde que no terminó finiquitando bien Maxi Rodríguez.

Inexorablemente, el partido iba directo a los penales, como quizás lo imaginaron ambos técnicos antes de salir a la cancha. Esta vez, Van Gaal no pudo hacer su movida de última hora porque ya se le habían acabado hace largo rato las sustituciones. Debía matar o morir con el portero Cillessen.

Con las estrellas apagadas, y el empate sin goles en el marcador que obligó a ir a la definición desde los doce pasos, era la hora de los actores de reparto.

Aquellos que suelen acompañar a las figuras en la fotografía del festejo en el gol. Y en medio de esa incertidumbre, de dudas fubolísticas, surgió Romero, que con sus manos de Dios, llevó a Argentina a la cuarta final de su historia…nada menos que en la casa de Brasil.

Y, de nuevo, como en 1986 y 1990, se enfrentará a un viejo conocido, Alemania. Una vez salió con gloria; la otra, derrotado. El domingo, esa estadística en finales entre ambos cambiará en favor de uno de los dos.

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