Campamento Los Changos, un ejemplo de organización social

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Hace diez años llegaron cinco familias y hoy son 174. Aseguran que la organización es clave para la buena convivencia, donde tienen un libro que lleva el catastro de todo. Sí la-
mentan estar colgados a la luz, al agua y al alcantarillado, «ya que esa es nuestra realidad…», cuenta una de sus fundadoras y presidenta de la junta de vecinos.

Sayonara Moreno llegó a ese terreno baldío junto a su familia hace diez años. Junto a ella, cinco familias más. A un lado la ciudad de Coquimbo, por el otro, el Océano Pacífico
como fondo.

En ese lugar, conocido como «Los Changos», viven hoy 174 familias. Ahí también viven venezolanos, haitianos, dominicanos y hasta una familia de argentinos, quienes arriba-
ron a la región en busca del «sueño chileno» gracias a la minería. Todas las familias, cuenta esta mujer de 43 años y madre de tres hijos, tratan de vivir el día a día en pequeñas casas de madera, sin agua potable ni electricidad, ya que en su mayoría están conectados de manera ilegal al alumbrado público.

«Acá estamos colgados a la luz, al agua y al alcantarillado, esa es nuestra realidad. Y por lo mismo tenemos problemas, pues como somos tantas familias se nos corta, incluso se nos queman los artefactos, y sobre todo cuando hay lluvia o viento, se corta la luz y estamos a oscuras varios días, lo mismo que con el agua.

Pero son los riesgos que se corren y es inevitable que ocurra debido al sobreconsumo», cuenta. Pese a las dificultades que deben enfrentar a diario, especialmente con la falta de comida, reconoce esta dirigenta que «nos organizamos para todo. Por ejemplo hay un equipo de trabajo que se encarga de conseguir la ayuda, de cocinar, de gestionar que
todo llegue, y toda la colaboración es gestión nuestra, nada del municipio, puesto que son aportes que vienen de voluntarios. Trabajamos también con una cooperativa de mujeres, con Techo para Chile, con estudiantes…».

Temor y preocupación

Por culpa de la pandemia tuvieron que echar mano a la olla común de lunes a jueves, y el viernes los almuerzos los entrega el Colegio Santa María del Refugio, de la congrega-
ción del Hogar Redes.

«Se activó por la pandemia, dado que mucha gente ha ido quedando sin trabajo. Llevamos cuatro meses y es la única manera de ayudar, entregando un plato de comida. Por las tar
des, y según los aportes que llegan, hacemos chocolatada», afirma Sayonara, nombre que eligió su padre por una canción títulada «Sayonara». Sí, por eso.

Las cajas de mercadería llegaron a la toma hace tres semanas, un día miércoles. De eso nada queda. Por eso hay temor y preocupación.

«La gente está asustada porque esto se viene peor y las soluciones de las cajas se terminan. Imagínate que acá hay familias que tienen hasta diez integrantes y una caja cubre solamente lo mínimo. ¿Sabe? De las 174 familias la mitad está sin trabajo
y el resto trabaja esporádicamente, principalmente en el comercio ambulante, que es lo que está más activo y que se puede hacer, porque tener un contrato está súper difícil».

Soraya es la fundadora y presidenta de la junta de vecinos, por eso confían en ella. En el fondo, dice que descansan en ella porque hace harta gestión, pide la ayuda. Y todo de ma-
nera organizada.

Tenemos un libro de registro donde llevamos el catastro de los niños, de las personas adultas, personas con enfermedades. Somos súper organizados y el único problema es que no tenemos personalidad jurídica, porque el municipio nos ha negado ese derecho».

Reconoce que varios jóvenes estudian en la educación superior y que muchos
tienen conocimiento de lo que es vivir en una toma. «Mi suegra es dirigenta en Puente Alto, en Santiago, entonces por ahí existe harto conocimiento. Pero es importante saber nuestras raíces, entender cómo se han ido formando, organizando, como es el caso
de la población La Victoria en Santiago, que es la primera toma de terreno en América Latina. Lamentablemente la gente nos tiene estigmatizados, pero acá somos organizados, nos conocemos. Sí, llega de todo, pero si pasa algo el medio de comunicación es el wasap, sobre todo ahora que no podemos juntarnos mucho ni hacer reuniones».

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