Familia de donante y un trasplantado hablan de la importancia de donar órganos

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Rolando Silva fue trasplantado de hígado en 2008. Y volvió a nacer.

En 2013, Lucía Dossi perdió a su marido. Pero junto a sus hijos quiso que sus órganos dieran vida a otros. Y así fue.

Con Rolando no se conocían. Hasta ayer, cuando ambos entregaron sus testimonios de vida en una jornada informativa sobre la donación de órganos que se realizó en Inacap de La Serena y que fue organizada y ejecutada por el equipo de la Unidad de Procuramiento de Órganos y Tejidos del Hospital San Pablo de Coquimbo.

Para Lucía, lo de su marido fue todo rápido. Porque «estaba trabajando y cayó inconsciente al hospital de La Serena un domingo por la mañana, con un dolor de cabeza. Posteriormente fue derivado a Coquimbo, donde le diagnosticaron aneurisma y estuvo una semana completa en el hospital. Después de la operación nunca más despertó».

Su testimonió sacó más de una lágrima. Especialmente de los alumnos presentes.

«Lo nuestro fue un proceso largo. Sin embargo, para nosotros era como una alegría, porque sabíamos que íbamos a donar los órganos y dar vida a más personas. Recuerdo que en ese instante estábamos con una tía de mi marido en el hospital y ella decía: sáquenle lo que más puedan, aprovechen… y para nosotros, claro, existía mucha pena, pero también satisfacción, puesto que mi marido era así, nunca demostró tristeza, y hasta el día de hoy siempre hay una foto de él con una sonrisa. Después de su muerte me tocó ir a Santiago a plantar un árbol, porque allá tienen un bosque de los donantes…».

A los días, los médicos le dijeron que los órganos de su marido sirvieron para salvar cuatro vidas. Y sus hijos quisieron saber el paradero de los receptores, «pero lamentablemente no se puede. Mis hijos querían saber quién o quienes habían recibido parte de su papá, pero nos dijeron que no, que no era posible, pero que no nos preocupáramos, ya que todo había salido bien. Lo único que sabes es que un avión viene de Santiago, se lleva todo y nada más…».

Trasplantado y atleta

Rolando Silva (43 años) fue sometido hace once años a un trasplante de hígado. Desde entonces «se ha portado espectacular, pues me han fallados otras cosas, pero nunca el hígado», cuenta feliz.

Estuvo dos años en lista de espera, hasta que un día lo llaman de Santiago para viajar inmediatamente: Estaba el donante. Y viajó feliz desde La Serena.

Desde entonces su vida cambió. Hoy practica deporte, atletismo, donde ha participado en varias competencias, tanto en Chile como en otros países. «Cuando a uno le ponen un órgano queda como nuevo y lo único que debes hacer es tomar medicamentos para evitar el rechazo, y claro, tiene sus efectos secundarios, porque te bajan las defensas y debes tener más cuidado con las infecciones. Esto es de por vida, aunque el primer año es el más complicado, ya que uno toma dosis de remedios muy altas y a medida que pasa el tiempo te le bajan, porque el organismo se va adecuando».

Por ejemplo, avisa que en invierno uno se cuida mucho más. E insiste en que para cada trasplantado «el primer año es el más complejo, debido a que la restricción alimenticia es mucha, y la higiene igual, pero con el tiempo uno va logrado un equilibrio, y después uno hace su vida relativamente normal».

Además, reconoció que «a nivel regional tenemos una tasa de 2 pacientes por millón de habitantes que han donado, y durante este año, solamente un paciente donante, entonces debemos trabajar en pro de la donación y estas instancias son muy buenas para entregarle información a la comunidad y que sepan y entiendan todos los cambios de ley que han surgido últimamente para poder favorecer que la incidencia y prevalencia de la donación de órganos sea mayor».

Por su parte, Catalina Sepúlveda, psicóloga de la Unidad de Procuramiento, comentó que «como Unidad nos hemos propuesto generar espacios de participación, y compartir información confiable acerca de la donación con toda la población, para poder garantizar que las personas puedan decidir libres de preconceptos y mitos. Además, la evidencia científica internacional demuestra que el acto de donar los órganos de un ser querido es por sí mismo un elemento reparador para el duelo asociado a la pérdida, haciendo de éste un proceso adaptativo, mitigando el dolor emocional, puesto que para la familia la donación de órganos permite que el ser querido ‘viva’ a través de las personas beneficiadas por la donación. Entonces esto les permite dar sentido a la muerte, dar vida a otros».

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