Hace un año, fue el primero en querellarse contra Frco. José Cox

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– Una de las víctimas del cuestionado ex obispo de La Serena recuerda ese día, cuando decidió armarse de valor y denunciar los hechos. «Se formó una avalancha que tocó fuerte a mi familia», asegura. Y advierte: «Lo único que esperamos es que se reconozca como un culpable…».

Hace un año exactamente, fue que Hernán Godoy se decidió a hacer justicia. Armado de valor llegó a los tribunales y puso una querella en contra de los abusos cometidos por el obispo Cox, entonces en Alemania, en la ciudad de Vallendar, y al cuidado de la comunidad de Schoenstatt.

Desde entonces han pasado muchas cosas. Y positivas para Hernán. Aunque, asegura, el que hoy sea juzgado por la justicia antigua hace que todo sea mucho más lento «y hermético. Pero bueno, sólo me resta armarme de paciencia y no de ansias, y a esperar que en algún momento se llame a juicio a Cox».

Haber puesto la querella, desde cierto punto de vista, cambió su vida. Porque asevera «que ha sido un año bastante mediático, con muchas alegrías y sinsabores».

Recuerda que «ese día que llegó a los tribunales fue caótico». Fue un día en que se formó una avalancha con toda esta situación, y «que tocó fuerte a la familia, en su parte más sensible, donde tuve que lidiar con comentarios, con críticas, con un montón de cosas y menos con el apoyo que uno esperaba».

Era común, advierte, que la gente se manifestara por las redes sociales entregando un comentario de crítica, pero también de apoyo, «y eso se agradece, pues gente que no te conoce te alentaba a seguir, y no así la propia familia, que fue indiferente en este tema, puesto que no se metieron y tampoco te preguntaron qué es lo que ocurre, por ejemplo. Y eso, la verdad, ha sido la mayor tristeza en este proceso. No obstante, son cosas que, con el tiempo, te vas dando cuenta que cada persona puede opinar y decir lo que quiera».

Pero así cómo se sentía solo, sin el apoyo de su familia, el que se retirara la placa con el nombre de Cox desde la Catedral «fue algo importante», que se hizo gracias la gestión de la Agrupación Juan XXIII, «fue la primera señal que la iglesia entregó en ese sentido. Con el tiempo vino la expulsión y con mayor razón la iglesia se muestra sensata en que Cox ha tenido conductas impropias. Ya después lo traen a Chile, aunque desde entonces no hemos sabido nada».

Todo muy hermético

Junto a Abel Soto y Edison Gallardo han llevado adelante esta batalla. Pero son más las personas que pasaron por lo mismo y que no se han atrevido a contar su verdad.
«Está el caso de Abel y de Edison, con ellos hemos sido la cara visible de las víctimas de Cox. Pero también se pide a las demás víctimas que hablen, aunque sé que es algo súper difícil de asumir, de vivir, pero cuando cuentas todo por primera vez te das cuenta que vas sacando la piedra del zapato, esa espina que llevas adentro, y poco a poco las heridas comienzan a cicatrizar. De esta manera, y a medida que van pasando los procesos, uno comienza a vivir en la tranquilidad de haber hablado, de haberse desahogado y creo que ese es el llamado a las víctimas que hoy siguen guardando silencio, de poder sacar la voz, de denunciar».

Fue hace algunos meses cuando la Cámara de Diputados aprobó la ley que establece imprescriptibilidad de los delitos sexuales contra menores de edad. El proyecto, además, establece el carácter de retroactivo para la misma. En ese sentido, Godoy afirma que ese tema «no nos favorece mucho, porque lo nuestro viene de hace muchos años atrás. Por lo tanto, lo único que esperamos es que Cox se reconozca como un culpable, lo que daría veracidad a nuestro relato, a todo lo que Edison, Abel y yo hemos contado. Por lo tanto, que Cox reciba una condena, para mí, es casi imposible; sólo buscamos que sea encontrado culpable, lo que llenaría nuestros corazones de alegría y sanaría en gran parte al dolor que por años hemos cargado».

Después de un largo periodo en Alemania, en una vida dedicada a la «oración», hoy Francisco José Cox está al cuidado de una familia en las afueras de Santiago, y según Schoenstatt, que financia su estadía, está disponible para colaborar con la justicia.

Justicia que, sin embargo, para Godoy no ha avanzado mucho, «porque justamente con la justicia antigua todo ha sido muy hermético. Hoy (ayer) Josefina Gutiérrez, mi abogada (de la Fundación para La Confianza), me mandaba mensajes donde me decía que han tratado de apurar, pero todo es muy hermético y no han dado ninguna noticia de cómo va el caso».

Hernán Godoy sigue con su vida, mejor que la primera vez que se decidió a contar lo ocurrido, en el año 2002, cuando salir a la calle le costaba un montón, «pues me apuntaban con el dedo. Hoy todo ha sido diferente, dado que se ha llevado todo con mucho respeto, con mucho profesionalismo. Ahora la gente tiene otra visión, que es la del valiente que está luchando, y porque saben que estamos tratando de sacar un dolor que llevamos dentro y limpiar esta mancha que Cox nos dejó», finaliza.

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