La imborrable huella de David Bowie

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David-Bowie-Symposium Camaleónico. Versátil. Con ambas palabras se suele describir la extensa trayectoria musical de David Bowie, quien falleció el domingo a los 69 años, tras luchar silenciosamente contra un cáncer. David Robert Jones nació en el 8 de enero de 1947 en el seno de una familia humilde de Brixton, un barrio popular del sur de Londres.
Una pelea a los 16 años dejó la pupila de su ojo izquierdo permanentemente dilatada, confiriéndole la extraña mirada que se convirtió en una de sus señas de identidad. Fue en ese momento cuando dejó los estudios y comenzó su carrera musical. Su primer éxito llegaría en 1969 con “Space Oddity”, una balada mítica que narraba la historia de Major Tom, un astronauta que se pierde en el espacio. Paralelamente, siguió cursos de mimo que, junto a su gusto por los disfraces, la moda o el teatro kabuki, lo ayudarían a transformarse en el hombre de los mil rostros. A partir de 1972 comenzó el vals de personajes: primero, Ziggy Stardust, la estrella andrógina que lanzó su periodo glam rock, y después, personajes de locura decadente, del nazi cínico al rebelde de aire turbado.
Tras esas máscaras, David provocaba, multiplicaba las declaraciones contradictorias, especialmente sobre su orientación sexual, alimentaba crónicas mundanas, grababa discos sin igual, irritaba y fascinaba al mismo tiempo.
La ambivalencia sexual es uno de los temas recurrentes de sus canciones, junto al miedo y la alienación, con un modo de vida autodestructivo como telón de fondo. En 1975, hizo su primera incursión en el mercado estadounidense con “Fame”, un tema coescrito con John Lennon, que llegó al número 1 de las listas de éxitos, así como el álbum “Young Americans”.
El cantante se mudó a Estados Unidos con su mujer Angie, y un año después, a Berlín Occidental, con su hijo Zowie, dejando tras de sí una vida marcada por la cocaína. De 1976 a 1979, durante su época berlinesa, produciría junto a Brian Eno una trilogía (Low, Heroes y Lodger) que allanó el camino a nuevas corrientes musicales como el postpunk y la cold wave. Su álbum “Let’s dance” (1983(, conquistó a un público más joven en las pistas de baile, si bien, a partir de 1988, su periodo hard-rock con el grupo Tin Machine recibió una acogida más bien tibia. En el cine, Bowie actuó en “Feliz Navidad, Mr. Laurence” de Nagisa Oshima, “El ansia” de Tony Scott o “La última tentación de Cristo” de Martin Scorsese.

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