Marcha del Valle al Mar

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Comenzó como suave deshielo -no más de cien- pero luego, se transformó en un torrente de gente que vino de Vicuña hasta la Plaza de La Serena a sumarse a manifestaciones.

Pobladores de la comuna elquina partieron el lunes a las 20:30 horas y llegaron a La Serena cerca de las 15 horas de ayer, porque «estamos aburridos der ver como asesinan a nuestros compañeros, como maltratan a las niñas, como balean a las estudiantes…».

Karla agarró su bolso, su bandera, y partió nomás. Junto a ella sus amigos y algunos vecinos. A las 20:30 horas de este lunes se juntaron en la Plaza de Armas para comenzar a marchar desde la comuna de Vicuña en dirección a La Serena, y ser parte de este movimiento social que busca y exige que el Presidente Sebastián Piñera cumpla con las demandas de la ciudadanía.

En las casi mil personas había diversidad, pero no división: en los aproximadamente 50 kilómetros hasta la comuna serenense confluyeron con holgura cantos y consignas, «porque la gente ya se aburrió», afirmó Karla con su bandera del pueblo mapuche flameando al viento, mientras a un costado los vehículos que iban en dirección contraria tocaban la bocina en señal de aprobación a esta peregrinación llamada «del Valle al Mar».

«¿Viste? Toda la gente está de acuerdo», agrega. Y cuenta que «salimos de Vicuña a las 20:30 horas de ayer (lunes) y en todo el recorrido hemos tenido una recepción bacán, ya que salió mucha gente de todos los pueblos a recibirnos, a darnos fuerza, y es porque todos están con el corazón y dispuestos a seguir con la firme convicción de que esto cambiará. Que el pueblo será el que va a lograr generar una nueva Constitución y sacar a todos los políticos ladrones y corruptos que nos han engañado, que nos tienen con puras miserias y que nos dan injusticias».

A la partida se iban sumando personas de poblados como Pelícana, Nueva Talcuna, El Tambo, El Molle… Y cada cierto rato algunos automovilistas se detenían y ayudaban con agua y cosas para comer, como el plátano, por ejemplo, que sirve para evitar los calambres. Lo propio con la gente aledaña a la carretera, que se instaló desde temprana hora con una mesa a esperar que estos pobladores, que se hacían camino al andar, pasaran por el lugar para ayudarlo en lo que pudieran. «Todos somos uno», insistía Karla.
Pero algunos, a la altura de Algarrobito, ya estaban contracturados, agotados y con sus pies repletos de ampollas, pero a la vez contentos por estar marchando.

«Esta idea nació porque estamos aburridos, pues llevamos 22 días haciendo manifestaciones, viendo como asesinan a nuestros compañeros en diferentes puntos del país, viendo como maltratan a las niñas, viendo como los pacos entran a las escuelas y balean a las estudiantes, y eso ya no puede ser. ¡Basta! Entonces lo que mueve a nuestra movilización es la indignación, el dolor ante la sordera del gobierno de no querer escuchar lo que el pueblo necesita, lo que el pueblo quiere. Y es tonto, sabe, porque como no escucha lo que el pueblo desea y pide, finalmente el pueblo lo hará solito, puesto que ya nos dimos cuenta de que no los necesitamos, así que vamos a derrocar su democracia asquerosa y representativa. Vamos a levantar otro sistema de organización…».
Unos minutos de descanso, y claro, también para poder alimentarse. Algunos acostados con los pies en alto, mientras la consigna era una sola: no rendirse.
Y así fue, pues cerca del mediodía, y cuando el calor hacía de las suyas, partieron hacia el poblado de Algarrobito para alimentarse y luego continuar para estar presentes en la marcha programa de las 17 horas en la Plaza Buenos Aires.
«Hay cansancio, ya que hemos caminado toda la noche, obviamente descansando en algunos pueblos, donde la gente salió, nos felicitó y nos dimos el tiempo de festejar con ellos esta alegría bonita, esta alegre rebeldía del pueblo que lucha por sus derechos. Nosotros hace cuatro años también marchamos, e inclusive fue más grande, y fue por el agua, porque este valle es de resistencia, ya que hace mucho tiempo se vienen discutiendo temas del medio ambiente…».

Detrás de cada paso, una historia. Porque a unos metros de Karla iba Rebeca Torres, que junto a sus dos hijos, su hermana y sobrinos, también dijeron presentes en este histórico momento.

«Vamos a llegar a La Serena y quedarnos en un sector prudente, pues sabemos que puede quedar la embarrada por la tarde», presagió esta entusiasta madre.

Lo cierto es que a ellos no los detenía el cansancio: iban a festejar, simplemente. Y recibidos por pobladores en el sector de La Antena.

«Estamos muy conformes con las marchas, con las protestas, pero mal porque el gobierno sigue sin entregar soluciones a las demandas sociales, cuando ya la próxima semana vamos a cumplir el mes de manifestaciones. Por lo tanto existe esa molestia en la gente, debido a que todavía no nos entregan soluciones concretas y además, porque ellos ven solamente daños, ¡pero no hacen nada! Y también porque tampoco hemos visto a representantes regionales en las marchas…».

Con ambos hijos de la mano, y su hermana a unos metros de distancia, señalaba, antes de subirse a una camioneta que le dio un aventón, que esto «es maravilloso, puesto que la vez anterior también se hizo una convocatoria y si bien congregó a muchas personas, la de hoy (ayer) es muy distinta y mucho más multitudinaria, y se nota que la gente está más organizada, porque ya se cansó de tantas injusticias. Esta marcha es de todos»… Y llegaron a La Serena despues de la merienda en Algarrobito. Les seguían cientos de ciclistas que también cruzaron el valle, sumándose a las masivas manifestaciones.

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