Sacerdote ya fallecido alcanzó a contar en carta los abusos de Cox

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Los problemas para el cuestionado ex obispo Francisco José Cox no cesan. Ahora, una carta -conocida recientemente- del fallecido sacerdote diocesano de La Serena Walter Aguirre Rivera, enviada en marzo del 2014 al nuncio Ivo Scapolo, da cuenta de los abusos del entonces arzobispo de La Serena y de la protección con la que contaba y sigue contando.
En ella, Rivera responsabilizó a las autoridades eclesiásticas de ocultar la verdad sobre los abusos a seminaristas y sacerdotes.

Dice en el documento, al que tuvo acceso diario LA REGION, que impresiona que sabiendo su condición –las autoridades de aquellos años- haya logrado ser obispo de La Serena.
«¿Por qué ese temor a que se sepa y se pueda denunciar a un obispo que, protegido por sus pares, abusó de menores y seminaristas durante muchos años?…

Nadie se atrevió a hacer una denuncia formal ante un organismo de la iglesia, hasta que Manuel Hervia denunció el hecho a monseñor Carlos González, en ese entonces presidente de la Conferencia Episcopal, y que no prosperó. El arzobispo acusado ya gozaba de protección y cuidados en Europa…».

Y agrega: «Personalmente, sabiendo de hechos por boca de personas afectadas, me callé. Tal vez fui un cobarde. Hoy en honor a la verdad y a la justicia, Dios salve al inocente…».
Esta carta, cuenta el sacerdote Manuel Hervia, quien está dispuesto a declarar ante la justicia si es requerido, «me la entregó Walter para apoyarme, porque el nuncio nunca me creyó, entonces hizo esta misiva para reafirmar mi inocencia…».

Walter Aguirre Rivera -fallecido en el año 2017- fue un cura en la Arquidiócesis de La Serena por siete años. Un religioso que llegó a la ciudad sin saber que sería un testigo más de los abusos sexuales de Cox a menores, y «conductas homosexuales» por gran parte del Clero.

Sus declaraciones fueron plasmadas en una carta a partir de la situación que vivía su amigo, el sacerdote Manuel Hervia -hoy trabajando como capellán en la Posta Central en Santiago-, con quien compartió la atención de los sectores más pobres y postergados de las Iglesias.

«Desde mi llegada a La Serena, fui testigo de la situación de homosexualidad de gran parte del Clero, pues yo mismo tuve que ser fuerte para defenderme del acoso de algunos sacerdotes mientras era seminarista», se expresa en el documento.

Asegura que el cargo de arzobispo de La Serena estaba amarrado a Cox, aún antes de la salida de su predecesor Bernardino Piñera. Sin embargo, Walter se mostraba impresionado de la designación, incluso «sabiendo su condición y situación».

La gente se acercaba en las calles y abordaba a Aguirre con preguntas acerca del «tema». Un secreto a voces para toda la comunidad, con rumores e interrogantes que no recibían respuesta.

«Tenía que callar, cuidar al hermano, bajarle el perfil a dichos comentarios, por último contener a las personas afectadas. Todas estas situaciones que vi me llevaron a un tiempo de mucho cuestionamiento en mi ministerio sacerdotal», describe.

Un sentimiento de culpa se gestó en Walter al callar los actos de Cox, pero que para él, «vieron la luz» por defender a su amigo Manuel Hervia. En cambio, las autoridades eclesiásticas seguían otorgando silencio a favor del ex sacerdote, sabiendo de los actos cometidos en la iglesia serenense.

«Qué manera de ocultar la verdad, de tratar de tapar el sol con el dedo de parte de nuestras autoridades eclesiásticas, cuando en toda la región se sabía de la desviación sexual del arzobispo, puesto que muchos seminaristas sufrieron de sus abusos y varios sacerdotes, entre los cuales me incluyo, no fuimos apoyados en nuestros conflictos personales y dejamos el ministerio, cansa-dos de ver tanta mugre al interior de la iglesia de La Serena».

En sus últimas líneas dice no a la impunidad. Solicita a monseñor Ivo Scapolo que Francisco José Cox se responsabilice por todos sus actos, y de igual forma lo hagan quienes encubrieron y protegieron al ex sacerdote, hoy en una casa a las afueras de Santiago al cuidado de una familia, según ha contado la Congregación de Schoenstatt.

«No puede quedar impune la actuación del arzobispo Cox, no pueden quedar impunes aquellos que protegieron y ampararon la conducta desviada de Cox por el hecho de ser amigos y compañeros de congregación…».

Por último, Walter Aguirre pide disculpas a Scapolo. Para él, pudo sonar impropio escribir una carta relatando los hechos, en comparación a la audiencia que se le concedió a Manuel Hervia.

«Le pido perdón con humildad si la forma de comunicar esta, mi verdad, no les corresponde… Le ruego me perdone si esta no es la forma de contar mi experiencia. Sé que le concedió al padre Manuel una audiencia, sé que dicho sacerdote ha sido muy radical con sus convicciones, lo que le ha traído numeroso conflictos. Los profetas no sólo deben anunciar el evangelio, sino denunciar las injusticias».

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