Josefa Araya, experta y autora de estudio que sitúa a Coquimbo entre las zonas con más colillas en playas, analiza conclusiones y advierte brechas en normativas, mientras el municipio busca reforzar medidas de prevención en el borde costero.

Por: Valentina Echeverría O.

A raíz del estudio publicado en enero de 2026 por el programa Científicos de la Basura de la Universidad Católica del Norte junto a Oceana, que posicionó a la región de Coquimbo entre las zonas con mayor presencia de colillas en playas, su autora principal, Josefa Araya, Bióloga marina e investigadora del programa, entregó un análisis sobre lo que este fenómeno revela.

Un problema
visible en terreno

«Las colillas en la arena no son solo un residuo: son un indicador de cómo estamos habitando el borde costero», afirmó la investigadora. En esa línea, explicó que su presencia está directamente vinculada al uso recreativo del espacio, especialmente en zonas con alta presión turística.

«Lo que estamos viendo es una señal directa de consumo y disposición inadecuada en el espacio público», sostuvo, advirtiendo que muchas personas no identifican este residuo como plástico, pese a que su filtro está compuesto por acetato de celulosa, un material que puede liberar microplásticos y sustancias tóxicas al ambiente.

Araya también apuntó a factores estructurales que inciden en el problema, como la falta de infraestructura adecuada y la baja percepción de riesgo. «No basta con apelar a la responsabilidad individual si no existen las condiciones mínimas para que esa conducta sea posible», indicó, agregando que también existe una brecha de información respecto a la normativa vigente.

Si bien destacó avances en normativas como la Ley de Plásticos de un Solo Uso y la Ley Chao Colillas, enfatizó que su impacto depende de otros factores. «Una ley por sí sola no cambia conductas si no está acompañada de fiscalización efectiva, infraestructura adecuada y educación ambiental», explicó.

Acciones necesarias

En cuanto a acciones necesarias, Araya propone cinco líneas principales que son la prevención en el origen mediante campañas focalizadas, la implementación de infraestructura adecuada para botar residuos, el desarrollo de planes de limpieza eficientes y planificados, el fortalecimiento de la fiscalización y la coherencia normativa, y la integración de la ciencia en la toma de decisiones. En ese sentido, agregó que «podemos trabajar con municipalidades, aportar diagnósticos actualizados y diseñar soluciones basadas en información científica».

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