El potente frente que se extendería hasta el lunes, además del jueves feriado, dejó a la población en sus casas. Aunque algunos locales abrieron, la mayoría decidió cerrar ante la poca afluencia de público. Entre la resignación y la necesidad de agua, los gremios asumen: «La venta es cero, no hay otro número», sentencian.

Por René Martínez Rojas

Las calles de la conurbación amanecieron este jueves feriado con un escenario que pocos esperaban repetir. No era 2020 ni había cuarentena. Sin embargo, la imagen era similar: persianas abajo, pocos transeúntes y el sonido de la lluvia como único testigo.
Porque el sistema frontal que ingresó el día de ayer, con mayor intensidad por la tarde-noche-, sin duda que fue una bendición para una zona que arrastra años de escasez hídrica. Claro que el golpe al comercio local fue inmediato.

Para Carlos Orrego, presidente de la Cámara de Comercio de La Serena, por supuesto que afecta, «sobre todo las planificaciones que puedan tener las personas para viajar a La Serena, un destino bien preferido por los turistas. Y obviamente que este frente, si bien favorece mucho en otros ámbitos, por el tema hídrico principalmente y a la agricultura, nos afecta del lado turístico, así que claro que el comercio en sí se ve afectado».

Agrega que «en estas épocas de mucha lluvia, que también es algo inusual, pasa que nosotros no podemos abrir porque se complican los traslados a los puntos precisamente de comercio. Por ejemplo, desde Las Compañías es más difícil que las personas se desplacen, igual que desde San Joaquín, Vista Hermosa o Tierras Blanca, porque también las calles se empiezan a anegar».

A su juicio, una de las cosas que han percibido es que se focalizan otras necesidades, como, por ejemplo, arreglar las casas, «lo que favorece a un sector del comercio, como las ferreterías. Pero obviamente que el flujo cambia en toda su dimensión. Sin embargo, al estar cerrados los negocios por el poco flujo, el único resultado es que la venta sea cero, no hay otro número».

Aguantarse,
nomás

En Coquimbo, el diagnóstico fue el mismo. Juana Iris, de la Cámara de Comercio de la comuna puerto, lo resumió con sinceridad:
«Este es un temporal que, por su naturaleza y necesidad humana, se necesita del agua. Serán tres o cuatro días en que vamos a tener que aguantarnos nomás. Seguramente las grandes cadenas van a abrir, en mi caso no, porque la gente no sale cuando hay lluvia y viento».

Y aunque reconoció que sería «mentir decir que está todo bien, porque las ventas están bajas», también avisó que es de suma importancia este sistema frontal, «ya que la región necesita agua. Vamos a ver en los siguientes días. En el fondo, para nosotros es pérdida. Pero se necesita agüita…».

El sistema frontal podría dejar acumulados de hasta más de 200 mm en los sectores más afectados y más de dos metros de nieve en la cordillera, además de vientos y marejadas en el borde costero.

Se espera que las precipitaciones comiencen a declinar el lunes a mediodía. Mientras tanto, el comercio hará números y esperará que pase el aguacero. Como dijo Juana Iris: aguantarse, nomás.