El seremi de Gobierno aborda las críticas que ha recibido el Ejecutivo por los tiempos de respuesta tras el temporal, particularmente en vivienda, conectividad y reconstrucción. La autoridad reconoce que existen sectores donde el proceso ha sido más lento de lo esperado, pero defiende las ayudas desplegadas y asegura que el foco comienza a trasladarse hacia soluciones definitivas.
Por Joaquín López Barraza
A casi tres meses del temporal que golpeó a la Región de Coquimbo, la reconstrucción continúa siendo uno de los principales flancos para el Gobierno. Mientras municipios y comunidades siguen reclamando por los tiempos de respuesta, el Ejecutivo sostiene que la emergencia ya dio paso a una segunda etapa, centrada en recuperar infraestructura, viviendas y actividad productiva.
El seremi de Gobierno, Darwin Cortés, reconoce que el proceso no avanza al mismo ritmo en toda la región y que existen sectores donde se debe acelerar. Sin embargo, destaca que más de 23 mil hogares ya recibieron los pagos del Bono de Recuperación y que se han movilizado más de $30 mil millones en ayudas para enfrentar la contingencia.
Reconstrucción a
distintos ritmos
Cortés plantea que uno de los principales problemas para evaluar el avance de la reconstrucción es que la situación no es homogénea en la región. Mientras algunos sectores ya recuperaron su conectividad, otros todavía mantienen problemas en caminos interiores, viviendas e infraestructura.
«No tendría sentido decir que está todo resuelto», reconoce. Al mismo tiempo, sostiene que existen avances concretos y que el desafío planteado por el delegado presidencial, Víctor Pino, es acelerar las soluciones definitivas.
Uno de los puntos más sensibles sigue siendo la vivienda. A comienzos de septiembre, la cifra de viviendas de emergencia instaladas era particularmente baja, situación que el propio seremi reconoce. «Es una cifra baja y necesitamos avanzar más rápido», admite.
Sin embargo, explica que completar una FIBE no implica automáticamente la instalación de una vivienda en el mismo terreno. Antes debe determinarse el nivel de daño y, especialmente, si el lugar continúa siendo seguro para habitar. En el caso de Islón, por ejemplo, señala que hubo familias que no podían regresar a sus terrenos y que recibieron 20 subsidios de arriendo de emergencia mientras se trabaja en una solución definitiva.
Para Cortés, la urgencia de las familias no está en discusión, pero tampoco puede resolverse instalando una vivienda en una zona que todavía representa un riesgo.
«Tenemos que acelerar, pero no podemos solucionar una demora instalando una vivienda en un terreno donde esa familia puede volver a estar en riesgo», plantea.
La FIBE y las
expectativas
Otro de los problemas detectados durante el proceso ha sido la expectativa generada en torno a la Ficha Básica de Emergencia. El seremi reconoce que en una situación de emergencia siempre existe espacio para mejorar la comunicación.
«La FIBE permite determinar la afectación y ha sido fundamental para entregar ayudas prontas, como el Bono de Recuperación. Pero la solución habitacional tiene una evaluación adicional», explica.
Por ello, plantea que uno de los desafíos es comunicar con mayor claridad a las familias en qué etapa se encuentra su caso y qué tipo de apoyo les corresponde.
Las críticas desde
Limarí y Choapa
Las cuestionamientos también han venido desde las provincias de Limarí y Choapa, donde autoridades locales y comunidades han planteado que las reuniones y coordinaciones todavía no se traducen con suficiente rapidez en soluciones. Cortés asegura que esas críticas deben ser escuchadas.
«Si un alcalde, concejal o una comunidad nos dice que todavía tiene problemas de conectividad, tenemos que hacernos cargo», señala.
Al mismo tiempo, defiende el trabajo realizado y menciona la coordinación entre el delegado presidencial, las distintas carteras y los municipios de Choapa para definir prioridades en conectividad, caminos interiores, infraestructura y recuperación productiva.
El propio seremi reconoce que el proceso ha sido lento en algunos sectores. «En algunos sectores ha tardado más de lo que todos quisiéramos. Negarlo no ayuda», afirma.
El desafío, sostiene, es diferenciar entre las obras que requieren una respuesta inmediata y aquellas que necesitan estudios, presupuesto y mayores plazos de ejecución.


































