“No hay efectividad en la estrategia que estamos usando para enseñar”

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La doctora en Planificación e Innovación Educativa Margarita Aravena sostiene que más horas de Matemática, Lectura o Ciencias no garantizan mejores aprendizajes y plantea revisar las metodologías, la evaluación y el uso que se está dando a la inteligencia artificial en las aulas.

Por Joaquín López Barraza

Los resultados de PISA 2025 volvieron a poner en discusión los aprendizajes de los escolares chilenos. El país obtuvo 403 puntos en Matemática y 436 en Lectura, ambos por debajo de la medición anterior, mientras Ciencias se mantuvo estable con 442 puntos. En las tres áreas, Chile quedó bajo el promedio de la OCDE.

La caída en Matemática y Lectura no puede explicarse, a juicio de Margarita Aravena, doctora en Planificación e Innovación Educativa y vicedecana de la Facultad de Educación de la Universidad Central, simplemente por una falta de horas de clases. Para la académica, la discusión debe trasladarse a qué ocurre durante esas horas y qué tan efectivas están siendo las estrategias utilizadas por los establecimientos.

“Por sí solo eso no asegura un buen aprendizaje al tener cierta cantidad de horas. Aquí hay que cambiar la metodología de aprendizaje que están aplicando los profesores en sus aulas”, plantea.

Aravena sostiene que el problema comienza desde la educación básica y continúa en la enseñanza media, donde —a su juicio— no siempre se están desarrollando actividades suficientemente significativas para los estudiantes. En ese punto, considera necesario fortalecer la evaluación formativa y aprovechar herramientas como el Decreto 67 para avanzar hacia procesos que permitan detectar las dificultades de aprendizaje durante el proceso y no únicamente traducirlas en una calificación.

“¿Qué creo que ha fallado en el proceso? Es que no hay efectividad en la estrategia que estamos usando. Entonces, creo que tenemos que hacer cambios importantes”, afirma.

Cambiar la forma de aprender

Para la especialista, una de las modificaciones pasa por abandonar metodologías centradas principalmente en la transmisión de contenidos y avanzar hacia experiencias donde los estudiantes tengan un rol más activo.

“Creo que desde ahí hay que ocupar metodologías basadas en casos, en aprendizaje basado en problemas y en proyectos, siempre en casos reales, tanto en Matemática como en Lectura”, explica.

La académica plantea que estos cambios no debieran limitarse a una asignatura específica. La dificultad en Lectura, por ejemplo, adquiere especial importancia frente a un escenario digital donde los estudiantes reciben diariamente grandes cantidades de información.

PISA 2025 mostró precisamente un retroceso en habilidades lectoras vinculadas con evaluar información, conectar distintas fuentes y pensar críticamente sobre lo que se lee. La OCDE identifica estas capacidades como especialmente relevantes en un entorno marcado por la inteligencia artificial.

Para Aravena, la respuesta tampoco puede ser simplemente restringir la tecnología.

“Hay que usar la inteligencia artificial, pero aplicada al desarrollo de habilidades cognitivas, del pensamiento superior, desde las habilidades inferiores a las superiores”, sostiene.

La clave, agrega, está en que tanto estudiantes como docentes tengan claridad respecto de para qué se está utilizando la herramienta. “Siempre usando estas nuevas tecnologías con un foco en habilidades cognitivas y, sobre todo, tener claridad con un pensamiento crítico y ético. Creo que ahí estamos fallando en este minuto”, afirma.

La IA ya está en las aulas

El desafío no es futuro. PISA 2025 incorporó por primera vez información específica sobre el uso de chatbots de inteligencia artificial en el trabajo escolar y mostró que su utilización ya está extendida entre los estudiantes. La OCDE advierte que el efecto depende de cómo se utilizan estas herramientas: el uso moderado y con objetivos definidos puede ser distinto al uso intensivo o sin orientación.

Aravena considera que justamente ahí aparece una tarea para las universidades y los establecimientos: investigar y probar metodologías que permitan utilizar la IA para desarrollar habilidades cognitivas, en lugar de convertirla simplemente en una herramienta para obtener respuestas.

“Tenemos que empezar nosotros también, en el ámbito de educación superior, a levantar proyectos de investigación focalizados en metodologías con la usabilidad de la inteligencia artificial, pero con los focos en habilidades cognitivas y esencialmente en un pensamiento superior para lograr un pensamiento crítico”, plantea.

Pero la responsabilidad, advierte, no recae exclusivamente en los profesores. El estudiante también debe modificar sus hábitos de estudio y las familias recuperar un rol más activo en el proceso.

“Si va a ocupar la inteligencia artificial, que la utilice con fines de aprendizaje”, señala.

Y ahí está, finalmente, el cambio que propone Aravena: no se trata solamente de enseñar más contenidos ni de sumar horas frente a un pizarrón, sino de conseguir que esas horas produzcan aprendizaje. Para ello, sostiene, el Estado debe revisar sus estrategias de Matemática y Lectura, los docentes modificar sus metodologías, los estudiantes asumir un papel más activo y las familias acompañar el proceso.