Las empanadas, asados y terremotos pueden dejar algo más que buenos recuerdos: hinchazón, pesadez, sed y cansancio. Especialista explica cómo recuperar el equilibrio sin ayunos ni grandes restricciones.

Por: Valentina Echeverría O.

Largas jornadas de empanadas, asados, anticuchos, terremotos y de celebración forman parte del panorama habitual de Fiestas Patrias. Pero una vez terminados los festejos y retomada la rutina, el cuerpo comienza a pasar la cuenta por varios días de cambios en la alimentación, el descanso y la actividad física.

Es lo que popularmente podría describirse como una especie de «caña alimentaria», concepto que permite poner nombre a una serie de molestias que pueden aparecer después de jornadas en que comemos y bebemos de manera distinta a lo habitual.

Angélica Henríquez, nutricionista y diplomada en Conducta Alimentaria del Departamento de Salud Estudiantil de la Universidad de La Serena, explica que este escenario no depende únicamente de cuánto se comió durante las celebraciones, sino también de las modificaciones que experimentó la rutina completa.

Entre las manifestaciones que pueden presentarse se encuentran la distensión abdominal, alteraciones en el tránsito intestinal, mayor sed, pesadez y cansancio. A ello puede sumarse, en algunas personas, una retención transitoria de líquidos, especialmente considerando que durante estas fechas suele aumentar la presencia de alimentos procesados, ricos en sodio y alcohol, mientras otros componentes habituales de la dieta pierden terreno.

Volver de a poco

Frente a estas molestias, la recomendación no es intentar revertir en uno o dos días todo lo consumido durante las celebraciones. Por el contrario, «se recomienda tomarlo con calma e intentar retomar gradualmente nuestras rutinas, entendiendo que los cambios en la alimentación y los horarios responden también al contexto cultural y social de las Fiestas Patrias en Chile», explica Henríquez.

En la alimentación, esto significa volver a incorporar variedad en las comidas, con presencia de frutas, verduras de distintos colores y fuentes de proteínas como legumbres, pescados y carnes blancas. La hidratación también adquiere especial importancia después de jornadas en que pudo existir un mayor consumo de alcohol y alimentos altos en sodio.
Pero la recuperación no pasa solamente por el plato. Volver a los horarios regulares de sueño y sumar actividad física cotidiana también puede ayudar a recuperar el ritmo previo a las celebraciones.

«Hacer caminatas u otras formas de movimiento que disfrutemos puede contribuir tanto a nuestro bienestar general como a recuperar nuestros horarios de sueño y descanso», agrega la nutricionista.

Nada de castigos

Tras varios días de comidas abundantes es común que aparezca la idea de «compensar»: saltarse comidas, eliminar ciertos alimentos o comenzar inmediatamente una dieta muy restrictiva. Sin embargo, la especialista advierte que estas medidas no son necesarias y que incluso pueden terminar generando el efecto contrario al esperado.

Una restricción importante puede aumentar la preocupación por aquello que se intenta evitar y favorecer posteriormente una mayor ingesta. «Es más útil pensar en aquello que queremos volver a incorporar a nuestra rutina, por ejemplo: tomar más agua, aumentar progresivamente el consumo de verduras, recuperar los horarios habituales, asegurar una alimentación variada y suficiente, volviendo de a poco a nuestras actividades», sostiene.