Francisco Alvear, sociólogo y especialista en políticas educativas, plantea que los resultados deben leerse considerando el impacto de la pandemia, pero también problemas de convivencia, desgaste docente, falta de una estrategia de largo plazo y una brecha entre las notas escolares y los aprendizajes que muestran las evaluaciones externas.
Por Joaquín López Barraza
Los resultados de PISA 2025 mostraron una caída de Chile en Matemática y Lectura respecto de la medición anterior, con 403 y 436 puntos, respectivamente, mientras Ciencias se mantuvo estable con 442. En las tres áreas el país quedó bajo el promedio de la OCDE.
Pero los resultados también permiten mirar qué ocurre dentro de las salas de clases. 43% de los estudiantes chilenos señala que el ruido y el desorden interrumpen la mayoría o todas sus clases de Ciencias, frente al 31% promedio OCDE. Además, 23% dice que no puede trabajar bien en la mayoría o todas esas clases.
Para el sociólogo y director de SocioEducativo, Francisco Alvear, el primer elemento para interpretar los resultados es la pandemia. La generación evaluada tenía entre primero y segundo medio al momento de rendir PISA y, durante la emergencia sanitaria, se encontraba aproximadamente en quinto o sexto básico.
«La pandemia ha dejado un profundo calado en términos de una generación», sostiene, aunque advierte que el fenómeno debe analizarse también considerando lo ocurrido en otros sistemas educativos.
En el caso chileno, su principal preocupación está en el manejo del grupo curso y la convivencia dentro de la sala. «En Chile claramente tenemos un problema de convivencia escolar que no solamente tiene que ver con lo que pasa en los recreos, sino también sobre los desórdenes que se dan dentro del aula y que eso interrumpe los procesos educativos», plantea.
A eso se suma la carga administrativa y laboral de los profesores, que dificulta mantener un clima apropiado para aprender. Por eso, Alvear advierte que reducir el número de estudiantes por curso no necesariamente resolvería el problema.
Pero su diagnóstico va más allá del aula. «Necesitamos entender para qué queremos tener un sistema educativo. Nosotros no tenemos claridad como país para qué estamos educando», afirma. A su juicio, Chile carece de una estrategia de largo plazo que permita definir qué tipo de país quiere construir y formar a sus estudiantes pensando en las próximas décadas.
El especialista también cuestiona la distancia que puede existir entre las notas escolares y los aprendizajes efectivos. Plantea que existe una tendencia a elevar las calificaciones, lo que «genera una distorsión respecto a lo que realmente los niños saben» y dificulta focalizar correctamente las políticas públicas. Por ello, considera necesario revisar si el actual sistema de evaluación refleja adecuadamente los aprendizajes.
A esto agrega la necesidad de fortalecer los apoyos socioemocionales para estudiantes y profesores, considerando que los problemas de convivencia y conducta también tienen relación con ese ámbito.
Finalmente, frente al avance de la inteligencia artificial, Alvear plantea que el sistema educativo debería dejar atrás una lógica centrada únicamente en restringir estas herramientas y enseñar a utilizarlas con un propósito pedagógico.
«La inteligencia artificial es una herramienta más de muchas que tenemos, pero el criterio personal y el conocimiento contextual que uno tiene nunca va a ser superado por la inteligencia artificial», sostiene.
La OCDE, de hecho, reportó que 51% de los estudiantes chilenos utiliza chatbots de IA al menos una vez por semana para ayudarse a aprender, mientras 39% los usa para investigaciones preliminares.
El organismo advierte que los resultados dependen de cómo se emplean estas herramientas y de si los estudiantes reciben orientación para evaluar críticamente la información que generan.
































