Dueños de «Hoteles para adultos» temen ser clausurados

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Jocelyn Lizana: «Que nos cierren es una falta de criterio, es no querer entender que los hoteles no son fuentes de contagio».

El gremio nacional de Hoteles para Adultos, donde la concejala Lizana es vicepresidenta, no quiere que los vuelvan a clausurar en una potencial próxima cuarentena, ni consideran justo que en Fase 2 solo puedan trabajar de lunes a viernes mientras otros alojamientos lo hacen de lunes a lunes

Para los dueños de los «hoteles para adultos» no ha sido un año fácil. Bien lo sabe la concejala Jocelyn Lizana, propietaria de uno en La Serena, y que harto ha tenido que bregar para mantener el lugar en funcionamiento.

Incluso fue clausurada dos meses, «teniendo yo razón y lo reconocieron, tanto así que tengo el documento que dice que soy hotel, entregado por ellos».

La vicepresidenta del gremio, que nació justamente debido a la discriminación que dicen tener de parte del Ministerio de Salud, dice que «tenemos que cerrar mientras otros hospedajes pueden operar de lunes a lunes, aún cuando estamos en la misma ley de alojamiento», agrega.

Reconoce que su hotel tiene todo lo de un hotel (planos, permisos, resolución y patentes) y que la gente por error, por una costumbre, los llama motel, «e incluso el propio ministerio nos llama motel, pero no somos moteles, pues estos, por el decreto 194 del Minsal, son las cabañas, habitaciones independientes con cocina, y nosotros no tenemos cocina. ¿Sabe? Y aunque nos llamemos motel, todos los alojamientos nos regimos por la misma ley de alojamientos, entonces si uno opera, deben operar todos».

Por culpa de la pandemia tuvo que tener cerrado agosto y septiembre, aunque asegura que fue «de manera injusta, luego abrimos pero lamentablemente lo hicimos de lunes a viernes, mientras que las cabañas al lado mío, en la misma calle, lo podían hacer de lunes a lunes, entonces cuál es la diferencia?», se queja.

Cuenta que la Asociación de Hoteles Para Adultos de Chile se formó justamente para defender este rubro, pues afirman cumplir con todos los protocolos covid y que, desde siempre, han sido más seguros que otros hospedajes.

«En mi hotel esterilizamos todo, incluido la ropa de cama, y el cliente que llega lo hace a una habitación esterilizada, y no se topa con otra gente ni con los trabajadores, por lo tanto que a nosotros nos cierren cuando tienen la embarrada en las calles, cuando la gente está apiñada, cuando en un retail se cruzan y la única medida de protección es una mascarilla, es simplemente una falta de criterio, de no querer entender que los hoteles no son fuentes de contagio», manifestó la concejala.

Advierte que debido al cierre «nuestra gente tuvo que acogerse al seguro de cesantía, y qué pasó ahí, las camareras que tenían sueldo sobre el mínimo adivina dónde se fueron a trabajar para tener más dinero: A trabajos precarios, ¿dónde? En departamentos ilegales que necesitaban camareras porque se estaban arrendando de motel, o a hostales que estaban alojando a los pasajeros que nosotros siempre hemos alojado, porque a quién más van a alojar si no hay turistas…».

Recuerda que esta «rebelión» partió cuando «me atreví a abrir mi hotel y me llamaron desde Santiago, después de cinco meses que habían estado encerrados, preguntándome cómo había abierto y les conté que haría exigir mi derecho, que soy hotel, y ahí empezamos a agruparnos».

Hoy es la vicepresidenta nacional y existen más de 30 socios activos a nivel país, «y todas las semanas se están sumando nuevos hoteles al gremio, pues queremos cubrir de Arica a Punta Arenas».

La concejala no quiere que los vuelvan a cerrar en una potencial próxima cuarentena, ni considera justo que en paso 2 puedan trabajar de lunes a viernes y los otros alojamientos de lunes a lunes.

En lo personal, avisa que ahora no tiene las ganas ni las energías para demandar, «pero lo haré si me vuelven a cerrar y me impiden trabajar como cualquier hotel en paso 2, o en cuarentena, de lunes a lunes, y por eso es que nos agrupamos a nivel país, para que no nos discriminen».

Explica que cuando partió la cuarentena hicieron cerrar las botillerías, «pero no pudieron, así que a nosotros, los hoteles para adultos, no nos pueden cerrar y no nos pueden clausurar, porque vendemos estadía igual que los hoteles, igual que las cabañas, que las residenciales, ¡pero nos cerraron! Por lo tanto el Estado se está arriesgando a una demanda colectiva por parte de cada uno de nosotros, que créame, la estamos estudiando, porque en Santiago estuvieron cinco meses encerrados y en varias regiones dos y hasta tres meses…».

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