Darío Moreira, biólogo ambiental y director del departamento de Gestión Agraria de la Universidad de Santiago de Chile, explicó cómo estos sitios funcionan y su impacto positivo ante el cambio climático.

Sobre su rol en medio de las intensas lluvias, como las que hemos vivido durante estos días en Chile, el experto señaló que los humedales se convierten en unas verdaderas «esponjas».
«Técnicamente estamos hablando de su capacidad de regulación del flujo hídrico y, por lo tanto, mitigación de inundaciones. Esta capacidad responde a las propiedades físicas, biogeoquímicas y estructurales de este tipo de ecosistema», profundizó Moreira.
Para el biólogo ambiental, los suelos de los humedales son «super orgánicos, ricos en materia orgánica en descomposición lenta debido a las condiciones anóxicas (pobres en oxígeno). Esto genera una matriz altamente porosa, con una enorme capacidad de retención hídrica».
Junto a esto, la vegetación que compone estos sitios suelen ser de tipo macrófita (juncos, totoras, manglares o vegetación ribereña). Las que actúan, según explicó el experto, «como un freno físico. Aumenta la fricción contra la corriente, reduciendo drásticamente la energía que trae del agua cuando corre».
«Al ralentizar el paso del agua, el humedal permite que esta no se pierda por flujo superficial rápido, sino que percole hacia los horizontes profundos, alimentando las napas subterráneas», indica Moreira.