En el puerto reclaman: «Ya no se ven turistas comiendo mariscales ni el famoso sándwich de pescado»

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Ante el alza diario de casos por Covid-19 que afecta a nuestra región, una gran cantidad de habitantes ha optado por no salir de sus casas, medida que afectó a distintos sectores del comercio por la disminución de sus ventas y la poca presencia de gente por los pasillos de la caleta.

Preocupados se encuentran en la caleta de Coquimbo ante la baja de ventas de pescados y mariscos durante la primera semana de febrero. Alegan falta de turistas y una merma significativa de la clientela habitual producto de las cuarentenas impuestas por el gobierno durante los fines de semana, en el marco de la crisis sanitaria del coronavirus.

«Se perdió la tradición de venir a comer al puerto», dicen los comerciantes del tradicional centro porteño.

Y están inquietos por lo que pasa, y por la inminente cuarentena total en la región, que pondría un escenario de gran incertidumbre por los principales pasillos de la caleta, en lo que se puede observar poco tránsito de turistas.

«Acá trabajamos hasta el viernes, ya que la gente tiene miedo de venir los sábados y los domingos, que generalmente eran los días más buenos para nosotros. Así que tenemos que darle con todo durante la semana, porque de lo contrario perderemos feo», señaló Patricio Córdova, dueño del local El Patriarca.

Si bien desde el gremio reconocen que febrero es un mes «corto» en ventas, afirman que siempre ha sido así en comparación con diciembre y enero. Sin embargo, la pandemia y las medidas para combatirla acrecentaron la problemática que viven actualmente un centenar de comerciantes.

«La gente tiene que sacar un salvoconducto los fines de semana, el que puede ser ocupado en el día y tan sólo por dos horas. Entonces dígame ¿quién va querer ocupar su único permiso para salir a comprar pescados y mariscos? En otros veranos usted observaba a turistas peleándose los mariscales y los panes con pescado y eso ahora se ve muy poco eso», dijo Cristián Cisternas, presidente del sindicato de los carros de la caleta.

Es cuestión de tiempo

Los trabajadores del mar son personas de fe por naturaleza y confían en que la vacuna logre frenar la pandemia del coronavirus. Dicen con esperanza que superar el actual momento de crisis que arrastra el mes de febrero será cuestión de tiempo, y es que acabado el periodo de vacaciones de verano vendrá otra fecha importante para ellos en materia de ventas: La Semana Santa.

A pesar de que el riesgo de poder adquirir el Covid-19 seguirá latente durante el primer semestre, los locatarios confían en que la pandemia esté más controlada para esa fecha, lo que haría inevitable la vuelta a la caleta de la ciudadanía y turistas.

«Con un buen control no deberíamos tener problema para la Semana Santa, puesto que el año pasado la pandemia estaba empezando y teníamos los pasillos llenos. Ahora está más complicada la cosa y no vemos a nadie fiscalizando. Dios quiera que se acabe pronto esto para volver a tener las ganancias de antes», apuntó José Vergara, de la Pescadería Ana María.

Ya no se llevan
la vedette del
puerto

Los mariscales y el histórico sándwich de pescado son considerados los productos estrella de este lugar. En cada puesto se ofrecen a un precio económico y su reconocimiento alcanza fama a nivel nacional e internacional. Pero tal como mencionaron los comerciantes afectados por las ventas, efectivamente ya no se observan postales de turistas comiendo estos alimentos típicos del puerto coquimbano, ya sea sentado en una banca o en el mismo local.
Los comerciantes comentan que falta de pescado no hay y atribuyen netamente la problemática a las decisiones de gobierno con respecto a la pandemia.

Claudia Núñez es mesera de un local al interior de la caleta, donde el producto más vendido es el sándwich de pescado, y cuenta que sus ingresos han disminuido categóricamente debido a las propinas que hoy deja de recibir.

«La gente se sentaba y se comía el pan con pescado en el mismo local, o bien había algunos que lo pedían para llevar y se servían a la vuelta de acá mirando el mar. Ahora todo el paisaje turístico que conllevaba esa acción se perdió en un 80%, y quizás más, diría yo».
Sin embargo, piden a los clientes «que vengan, que saquen sus documentos para que no tengan problemas y puedan venir a comprar los alimentos necesarios», manifestaron.

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