Entre la rabia y una demanda al Estado

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El miércoles 27 de octubre, su hija de 7 años se vacunó con la Sinovac y terminó hospitalizada una semana. Ahora Tatiana, su madre, debe llevarla a Santiago, donde la verá un aritmiólogo con la posibilidad de una intervención o que le instalen un marcapaso. «Fue el Estado quien enfermó a mi hija del corazón …», se lamenta.

Esta es la historia que Tatiana Escobar nunca hubiera querido contar. Pero lo hace para que ninguna otra familia pase por lo mismo. Maite, su hija de 7 años, fue vacunada con la Sinovac, y después de una semana debe partir a Santiago, al hospital Roberto del Río, para que un cardiólogo arritmólogo evalúe la posibilidad de una intervención o que le instalen un marcapaso.

«Todo por la vacuna», dice molesta. Acá no están ni los medicamentos ni los especialistas, por eso debe viajar hasta la capital, «cuando mi hija era una niña absolutamente sana, normal, pero después de vacunarse comenzó con todo», se queja, aún apenada por la situación.

Ahora busca información sobre cómo les impacta la vacuna a los niños y niñas sanas, «y para eso me estoy comunicando con varios organismos, como los médicos por la verdad, Apsiin Chile (Agrupación de Profesionales de la Salud e Investigadores Independientes), ya que hay una serie de investigaciones en otros países con casos similares».

Advierte que existen casos en Chile, «pero que los médicos no están registrándolos, ya que estuve en un programa uruguayo -contando lo que le pasó a su hija- dónde los países vecinos ven como Chile se convirtió en un laboratorio…».

Al hospital

Todo comenzó el miércoles 27 de octubre, cuando Tatiana llevó a Maite a recibir la segunda dosis de la vacuna Sinovac, cerca de las 13 horas, al consultorio Sergio Aguilar de Coquimbo.

Esperó los 20 minutos, el tiempo necesario, y se fueron. Nada extraño hasta ese momento.

Al otro día la llaman de la escuela para decirle que Maite tenía las pulsaciones muy elevadas, «que estaba en 230, cuando lo máximo que puede tener un niño ejercitando son 120 pulsaciones por minutos», expresa.

Estudia en la Escuela de Música Jorge Peña Hen de La Serena «y me la llevé al hospital de Coquimbo, donde llegó con 260 pulsaciones por minuto. En el camino tuve que estacionarme para que vomitara, y cuando llegamos al hospital no se explicaban cómo no le había dado un paro cardiaco con ese nivel de pulsaciones, dado que una persona adulta podría haber muerto».

De ahí en adelante una odisea y el temor de que pudiera tener algo más complejo, cuando en el historial clínico se describe a una menor «sin antecedentes de salud previos».

A los médicos les dijo que la dificultad de su hija la atribuía justamente a la vacuna, «cuando todos, incluso la cardióloga, me señalaba que ésta era segura. Todos los médicos que la atendieron me decían que la vacuna no tenía nada que ver, que era impensado imaginar que la vacuna le hubiese provocado eso», se queja.

Luego del primer diagnóstico, Maite queda hospitalizada hasta el día siguiente, para ver cómo evolucionaba con los medicamentos. Al otro día la examina una «quinta pediatra», que quedó sorprendida al ver que no había quedado inconsciente.

«Ella me pregunta si mi hija se puso la vacuna, y le respondí que sí, pero que todos quienes la habían revisado me habían asegurado que la inyección no tiene nada que ver. Entonces llamó al Minsal e inmediatamente dieron la orden para hacerle un examen de sangre y ver las enzimas cardiacas, lo que demostraría que, si salía alterado, fue porque la vacuna le hizo mal».

Para descartar que la inoculación hubiese dañado otros órganos, y porque Maite seguía con las arritmias, quedó más días hospitalizada. ¿Sabe? «A esa pediatra le agradecí, puesto que fue la única que tuvo la capacidad de preguntarle al Minsal qué se podía hacer en esa situación».

Demandar al Estado

Exhibiendo una gran indignación, Tatiana comenta que «se supone que la vacuna es segura, que el Gobierno vende una vacuna fiable para los niños, pero resulta que los exámenes sí salieron alterados, por lo que mi hija se tuvo que quedar hospitalizada hasta este miércoles».

De la molestia a la preocupación, «pues cuando le dieron el alta le recetaron un medicamento para evitar que vuelva a tener taquicardia, toda vez que los electrocardiogramas salieron alterados. O sea que mi hija no sólo tiene taquicardias, sino también arritmia con posibilidad de una trombosis, y todo por la vacuna».
Mientras prepara el viaje hasta Santiago para seguir con los exámenes y esperar que Maite no tenga nada más complicado, asegura que varios abogados se han contactado con ella, «porque voy a demandar al Estado. Fue el Estado quien enfermó a mi hija del corazón, pues estaba sana y ya no tendrá una vida normal».

Explica que existe un formulario que se llama EVASI (Evento Supuestamente Atribuido a Vacunación e Inmunización), y sirve para que uno registre las secuelas post vacunas, «pero no se está llenando, porque los médicos están totalmente adoctrinados con defender fehacientemente la vacuna. Lo que pasa es que existen más casos, pero como no se reporta lo que está ocurriendo, no existe información y la gente está confiando en que la vacuna es efectiva y segura. Es decir que los médicos son los cómplices de este crimen, y no descansaré hasta tener justicia y espero que el ministro de Educación y de Salud den la cara y respondan por está aberración».

Dice estar «recopilando información», porque existen datos que indicarían que la vacuna puesta a niños y jóvenes sanos, normales, les provocó miocarditis, alguna taquicardia, arritmia, parálisis facial, trombosis y una serie de otras situaciones graves.

«De hecho me bloquearon de Facebook cuando hice la denuncia y luego me bajaron la publicación, pero como se le alcanzó a sacar fotos, está circulando igual la noticia. Y quiero dejar en claro que jamás atentaría contra mi vida, tengo cuatro hijos por quienes luchar. Lo menciono porque en este país hay mafias que atentan contra quienes luchan por la justicia y yo seguiré luchando…».

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