La lluvia y la baja asistencia de público golpearon las ventas durante la jornada. Entre los comerciantes se repetía el mismo comentario: fue un «día malo» y todavía esperan que la situación repunte.
Por Javiera Escudero
La lluvia no solo mojó a los pampilleros, también les pegó un buen chapuzón a las ventas.
Durante la jornada, varios comerciantes y puestos de comida instalados en La Pampilla coincidieron en una preocupación: la baja asistencia de público se hizo sentir fuerte en los bolsillos, especialmente después de las precipitaciones registradas durante el día.
El comentario se repetía de puesto en puesto: había sido un «día malo» para vender.
La preocupación no es menor, considerando la inversión que los comerciantes realizaron para instalarse en la tradicional fiesta coquimbana y que muchos llegaron desde otras ciudades apostando a recuperar su desembolso durante estas jornadas. Uno de ellos es Mario Arriaga, comerciante proveniente de Santiago, quien aseguró que esta edición ha estado particularmente complicada desde el punto de vista comercial.
«Esta Pampilla ha estado bien especial. Lamentablemente no ha llovido demasiado y hemos tenido que armar y desarmar algunos. Pero en general está mal. La gente de Coquimbo parece que no tiene plata, porque pasan y pasan, y pasan y no compran», relató.































