Los ven todos los días, conviven con ellos desde que amanece y, aunque reconocen que ensucian, hacen ruido y a veces causan más de un dolor de cabeza destruyendo redes y comiéndose la pesca, los comerciantes del Terminal Pesquero de Coquimbo tienen clara una cosa: los lobos marinos llegaron primero.

Por: Javiera Escudero

En medio del debate sobre una eventual levantamiento de veda de la especie, vendedores y dueños de restaurantes coincidieron en que estos animales mamíferos acuáticos son parte de la identidad del lugar y un atractivo que no debería perderse, ya que no son el único animal que abunda en el entorno, siendo superados en masas por los pelicanos.
Raúl Moya, vendedor de pescados de la caleta, asegura que los mamíferos «trabajan a la par» con ellos y es que se acuesta a descansar y comer dentro de su puesto.
«Esperan el desayuno todos los días. Apenas huelen el pescado ya están aquí. Se comen los desechos y los pescados chicos que no salen de la pesca».
El comerciante aseguró que así como la gente hay distintos lobos de mar, cada cual con su personalidad. «Hay algunos más pesados que otros y a veces son medios destructivos, pero no son agresivos», relató. A su juicio, los visitantes ya los consideran parte del paseo. «La gente viene a verlos, a sacarles fotos. Ya están acostumbrados a ellos», comentó.

Una mirada similar tiene Isabel Díaz, quien lleva 18 años trabajando en el restaurante El Luchín, ubicado a pocos metros del sector donde descansan los lobos marinos. Si bien reconoce que la suciedad y el fuerte olor son un problema permanente, cree que el ser humano es quien ocupa el espacio de estos animales.
«Nosotros somos los que estamos invadiendo su territorio. Ellos son los dueños. No podemos hacer nada más que tratar de espantarlos un poco con piedritas, pero ellos hacen su vida», explicó. Además, descartó que representen un peligro para los clientes, ya que permanecen dentro del área cercada.
Respecto a la posibilidad de permitir la caza para controlar la población, la locataria fue tajante. «Por mi parte, no. Todo el mundo tiene derecho a vivir. Además, mucha gente viene especialmente a ver a los lobitos», sostuvo.
Una opinión que refleja el sentir de buena parte del Terminal Pesquero, donde incluso existen estatuas dedicadas a estos emblemáticos habitantes de la bahía, convertidos hace años en uno de los sellos turísticos más reconocibles del puerto.