Los pasos de la Corporación 16 de Octubre para recuperar Casa Piedra

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Para la Corporación 16 de Octubre no ha sido un camino fácil. Menos recordar lo que pasaron al interior de Casa Piedra, que en los años de dictadura fue usada como centro de detención y tortura por la ex Central Nacional de Informaciones (CNI).

Lo que buscan, y han buscado por años, es que esa casa, hoy custodiada por dos perros guardianes, se convierta en lo que ellos y la gente de la región desean, una «casa de memoria».

Cuenta Martín Faunes, uno de sus directivos, que por años «ha sido una tarea ardua y que se ha prolongado demasiado en el tiempo, pero que esperamos que dé frutos pronto, porque notamos buenas intenciones en las autoridades del nuevo gobierno en facilitar y que se dé otro paso para concretar este proyecto».

Lucha complicada

Los pasos, como explica Faunes, son las etapas. El primero fue conseguir que todas las organizaciones de Derechos Humanos de la región aceptaran que la Corporación La Serena 16 de Octubre se hiciera cargo de realizar la investigación de lo que en ese lugar ocurrió, «algo que ya veníamos haciendo, y con ella se pudiera defender, ante el Consejo de Monumentos Nacionales, la solicitud para que este edificio fuera designado «Monumento Nacional en categoría de Monumento Histórico», de tal modo que no pueda ser destruido o transformado, pues el Ejército, que lo mantenía en su poder, esperaba convertirlo en bodega de lubricantes».

El segundo paso fue realizar la investigación y desarrollar la defensa misma ante los miembros del Consejo, donde había al menos un representante del Ejército, la que se hizo en septiembre de 2017 y resultó aprobada en abril de 2018.

«Un paso difícil, porque había muy poca información sobre lo acaecido en Casa de Piedra, sitio donde la CNI actuó de manera bastante soterrada, pero nuestra investigación fue profunda y cumplimos gracias a la experiencia que habíamos ganado».

Respecto al tercer paso, Hernán Palma cuenta que «fue una lucha muy complicada por conseguir que el Estado obligara al Ejército a que devolviera este inmueble, ya que en la práctica se había adueñado, y eso ocurrió recién hace un mes. Aunque permanece ahí viviendo todavía un militar con su familia, claramente contradice el ‘uso militar’ con que el Ejército justificaba el mantenimiento de la casa en su poder. Pero esa familia deberá abandonar el lugar pronto para que se pueda concretar el proyecto».

Marlinda Alcayaga, presidenta de la agrupación, reconoce que como los tres primeros pasos están cumplidos, «ahora estamos en el cuarto, y queremos que se nos traspase en comodato el lugar, para que junto al Centro de Estudios en Derechos Humanos de la Universidad de La Serena, con quienes tenemos una alianza estratégica, podamos formar el ‘Espacio de Reflexión por los Derechos Humanos Casa de Piedra’, un lugar abierto a la comunidad, considerando de manera especial a las instituciones académicas y a las organizaciones de Derechos Humanos. Eso es en lo que ahora estamos y por eso estamos seguros de que muy pronto tendremos excelentes novedades».

Que jamás se repita

Sin embargo, no todo será fácil. Entienden que este es un camino largo y que ahora «tendremos que dar muchos pasos y quizás más difíciles. Tendremos que buscar maneras de financiar y gestionar para que este proyecto pueda resultar viable en el tiempo. Pero el objetivo es realizar seminarios y talleres de educación en Derechos Humanos, incluyendo problemáticas de género, sexualidad, medio ambientales, de migración, de discapacidad y de pueblos originarios, dirigidos a estudiantes de básica, media y universitaria. Necesitamos que los errores y los horrores que se cometieron durante la dictadura jamás vuelvan a repetirse», advierte Faunes.

La idea, reitera Alcayaga, es que «formemos una Sala de Exposiciones abierta a la comunidad, con monitores que faciliten la reflexión sobre la memoria histórica y los Derechos Humanos. Por lo mismo, organizaremos una biblioteca convencional y también digital a disposición de la ciudadanía, orientada prioritariamente a los temas globales y locales de Derechos Humanos».

Faunes y Palma agregan: «Necesitamos que nuestra juventud conozca fehacientemente lo que ocurrió en Chile y en nuestra región, para que jamás permitan que la democracia vuelva a ser destruida. Los horrores que fueron cometidos, si se olvidan y no se reflexiona sobre ellos, inexorablemente vuelven a repetirse y de manera mucho más fuerte».

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