Pescadores artesanales: «Ya no hay peces en la bahía debido a la contaminación acústica que genera la construcción del puerto»

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Este mes de abril, el concesionario a cargo de llevar a cabo la modernización y ampliación del Puerto de Coquimbo, TPC, cumple una década operando. Realizan obras que culminarían en enero de 2024.

Sin embargo, el avance del desembarcadero, que incluye drenaje y ampliación del puerto, enfrenta una histórica oposición de los pescadores artesanales de la caleta de Coquimbo, que ponen sobre la mesa una tensa relación con la empresa.

Los trabajadores del mar afirman que los trabajos que se están ejecutando habrían provocado una notoria mortandad de peces, varazón de mariscos y ausencia de una serie de ejemplares que antaño solían salir «por montones» de la bahía más importante de la zona. Todo en medio del contexto de incertidumbre que genera la audiencia del próximo 10 de mayo en el Primer Tribunal Ambiental de Antofagasta, instancia donde pescadores solicitan invalidar los permisos de la modernización de TPC, postura que ya recibió un «portazo» del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), quien pidió a jueces del 1TA rechazar las quejas interpuestas por los porteños.

Diferentes organizaciones de la caleta de Coquimbo, en conversación con LA REGIÓN, detallan la que según ellos ha sido una ardua lucha de diez años para proteger su única fuente de trabajo. Hombres que, representados por dirigentes como Elías Marambio, Juan Villalobos, Rogelio Véliz, Adolfo Estay, Víctor Salfate, Franco Aguirre y Miguel Marambio, sacan la voz.

«Recién no más nominaron al seremi de economía, no hay autoridad con quién juntarse, con quien plantear nuestras dudas (…) no hay subsecretario de pesca debido al cambio de gobierno», acota uno de los dirigentes.

Prometen radicalización de parte de los gremios activamente movilizados en caso de que las obras de modernización tengan el visto bueno de las instancias y siga su rumbo. «Ellos saben lo que podemos hacer nosotros, son conscientes de nuestro despliegue en las protestas», advierten.

La información inicial señalaba que en febrero pasado un total de 139 pescadores artesanales de Coquimbo habían interpuesto una reclamación ante el Primer Tribunal Ambiental por el proyecto de modernización del puerto. Sin embargo, los pescadores hablan de 239 personas que adhirieron al reclamo, de los casi 500 que tiene la bahía.
La reclamación tiene como fundamento central que, en la evaluación del proyecto, el SEA no habría considerado a los pescadores como afectados por los futuros impactos ambientales que produciría la modernización del puerto. «Les preguntaron a tres personas en la consulta ciudadana, no lo hicieron como corresponde», dicen.

Entre los impactos más significativos identifican las interferencias en la navegación de las embarcaciones de pesca artesanal; aumento del tráfico naviero y la imposibilidad de definir si alterará las zonas de caladeros, áreas de manejo y la explotación de recursos bentónicos; impactos en la fase de construcción y contaminación de la bahía por descargas de aguas de sentinas y lastres.

«El tema del martilleo que realiza TPC en sus obras simplemente hizo que los pescados se hayan arrancado de la bahía. Tenemos que ir a otros lados a buscar ahora, más allá de La Herradura. Las ondas expansivas que se generan en el agua se duplican a lo que pudiese llegar a sentirse en la tierra y eso se refleja, por ejemplo, que este año no se hayan visto delfines, que eran comunes en temporadas pasadas. No hubo palometa este 2022, cuando antes se sacaban toneladas», apunta Juan Villalobos, dirigente.

Aseguran que jamás se opusieron al proyecto de modernización y prometen que sólo exigen que se haga con responsabilidad. «Qué nos dejen la bahía tal y como estaba. Nosotros, cuando comenzó todo esto, nos opusimos a que se realizara un dragado para el fondo de desembarque de la empresa, ya que eso sería sumamente dañino para la biodiversidad de la bahía, pero resulta que los martilleos terminaron igualmente por espantar a los pescados», agrega Elías Marambio, dirigente.

En todos estos años desde que se instaló la concesionaria, argumentan que han tenido la disponibilidad para conversar sobre esta problemática de manera sincera con la empresa y con distintas autoridades de gobierno, como lo fueron los ex intendentes Claudio Ibáñez o Pablo Herman. No obstante, acusan que los políticos no habrían cumplido sus promesas.
«Sentimos que varias autoridades han querido desconocer las dificultades que nos está provocando los trabajos de extensión del puerto. Ahora último, en el verano, hubo un derrame de petróleo que fue denunciado a la capitanía puerto. Me parece ilógico que la empresa insista en que acá no hay contaminación, si nosotros mismos hemos sacado pajaritos con los ojos reventados y presenciado in situ la mortandad de pescados y mariscos. No se están haciendo responsable bajo la ley 19.300, que habla de reparación, compensación y mitigación», arremete Marambio.

El terremoto de 2015 habría sido la fecha que marcó un antes y un después en todo este conflicto para estos hombres, aseguran. Pues para el tsunami, los metales de las obras de TPC que estaban almacenadas en una zona de acopio, fueron a parar a la orilla de la bahía, lo que habría provocado una pérdida de seis meses de la jaiba y el piure.

Lo anterior fue determinado por científicos de una universidad de Canadá, pues los pescadores dicen que se han asesorado de la mejor manera durante esta década de tiras y aflojas. Han estudiado, consultando a biólogos y parlamentarios. «En la oportunidad del tsunami, un buzo de la caleta se metió al mar a rescatar algunas cosas y el hombre quedó todo enronchado producto de la contaminación por los metales, tuvimos que llevarlo al hospital de urgencia, entonces imagínese lo que les pasa a los peces», aporta Rogelio Véliz, otro líder del sector.

Por las grandes distancias que hoy tienen que navegar pescadores para extraer los productos del mar, debido a la instalación de las obras, se le entregó bencina para los botes, cuestión que lo catalogan como «migajas».

«El agua contaminante que dejan los buques que llegan al puerto están dañando mucho, ya solo quedan lobos marinos en la bahía. Ellos (TPC) deben hacerse cargo de los barcos que llegan. Me gustaría que las autoridades vengan un día a ver con sus propios ojos lo que provoca un remolque en el fondo del mar. Si este será un puerto multipropósito, las mega embarcaciones van a arrasar con todo», sentencia a coro los pescadores.

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