Pescadores de caleta Guayacán se suman a críticas sobre el aporte de CMP con el pueblo: «Sigue siendo insuficiente»

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Hoy, a eso del mediodía, una decena de pescadores artesanales de la caleta de Guayacán recibirán el aporte de embarcaciones y trajes especiales para llevar a cabo de la mejor manera ese noble oficio. La donación es de la Compañía Minera del Pacífico (CMP), en un monto que sobrepasaría los 50 millones de pesos. En conversación con LA REGIÓN, trabajadores del mar de ese tradicional espacio porteño, reconocen un avance en las ayudas sociales que ha ido entregando la empresa en los últimos años, sin embargo, coinciden en que serían insuficientes las medidas para el cuidado del medio ambiente que mantiene en la actualidad uno de los productores de hierro más importantes del mundo, para evitar, por ejemplo, que el polvo fugitivo de sus operaciones termine en los techos de las casas del pueblo.

«La relación de CMP con la gente de Guayacán, por lo general, es como esas relaciones amorosas tóxicas. Perdón por el alcance de palabras, pero es la realidad. La comunidad sabe y entiende que a la larga nos está haciendo daño la presencia de la minera, pero igual hay momentos donde sus aportes son bien recibidos, ya que no hay más, qué le vamos a hacer», dice la esposa de un pescador que prefiere no dar su nombre.

En la edición del miércoles 16 de junio, este medio informó sobre la tensión que ha existido por años entre los habitantes de la zona y la minera. En la crónica, cabecillas de la denominada «resistencia», que instalan en sus casas banderas negras en señal de rechazo a la compañía, pusieron sobre la mesa nuevamente la petición para que CMP encapsule toda la maquinaria del puerto de Guayacán, para evitar el traspaso del famoso polvo hacia las viviendas que colindan como un verdadero patio trasero de la planta.

A esa crítica se suman varios integrantes de la caleta de pescadores, quienes de manera anónima relatan que todos estarían «en la misma» en cuanto a una convivencia compleja a la que ya parecieran haberse acostumbrado.

«Que la empresa ponga una gran carpa en el puerto es la única solución para evitar la polución en el pueblo. Siempre ha sido un secreto a voces en el hospital de Coquimbo de que cuando se nos muere una persona de Guayacán, caen varios después. La minera dice que el polvo no es tóxico, que no contamina, y quién sabe. Acá la gente se ha querido mover para pagar exámenes privados, porque si lo hace la empresa es obvio que saldrían todos los resultados negativos», aporta un pescador de la caleta.

En la junta participan cinco trabajadores que se dedican a sacar congrio y jurel. Cuentan que, junto a la junta vecinos, impulsaron hace un tiempo un estudio a cargo de profesionales de la Universidad de Los Lagos, donde presuntamente se habría detectado que los residuos que deja la minera en la costa afectarían directamente a la fauna marina que existe en el sector, y que habría ido desapareciendo producto de las operaciones que CMP y otras empresas ejecutan en ese lugar.

«Ojo que acá no solamente está el conflicto con CMP, en Guayacán tenemos instalado a Aguas del Valle, a la pesquera Orizon, Copec, que hacen lo mismo e incluso con mayores consecuencias que la minera en cuestión. Por lo menos ellos aportan en algo, las otras empresas no se ponen con nada. La sanitaria nos destrozó el cultivo del piure y nadie dijo nada», comenta otro de los pescadores.

Y es que existe consenso igualmente que algo se ha ido avanzando en todos estos años, dicen enfáticos. «Antes uno iba a la playa de la Herradura y volvía con los pies negros a la casa», agregan. La caleta de Guayacán nació por el año 1988 y desde ese entonces, confiesan, han ido experimentando una relación parecida a la que comentaba la señora de uno de los pescadores al comienzo de esta nota.

«La empresa sí nos entrega las cosas que le hemos ido solicitando, eso es una realidad de la cual no me avergüenzo. Hay gente en el pueblo que no recibió, por ejemplo, las cajas de alimentos para la pandemia, yo sí lo hice porque soy pobre, no me alcanza».

Así destacan algunos aportes. «Han impulsado planes de mitigación, nos han ayudado en las áreas de manejo, donaciones varias, entregaron una hidrolavadora, una mochila sanitizadora cuando el Covid estaba en su peor momento, y en el último tiempo han ido creciendo en participación las mesas de trabajo con línea directa de comunicación con los ejecutivos».

En ese contexto, explican que la crítica de la mayoría de los pescadores es bien simple, y hace referencia a que CMP cubra con una gran carpa el puerto de Guayacán para evitar que el polvillo arremeta, fenómeno que empeoraría cuando el viento sopla más fuerte.

«A nadie le gustaría vivir de esa manera. De repente llegan a dar pena los niños del colegio que andan todos tosiendo por el polvo. Pero todos acá sabemos que CMP no se va a ir, hoy los cabros jóvenes tienen esa bandera de lucha, pero hay que ser sinceros en este debate», replicó otro pescador.

La pavimentación de calles es otro tema que los divide. Mientras algunos valoran lo realizado en el Cementerio Inglés o en la avenida Errázuriz, otros señalan que la promesa era haber realizado una ciclovía en ese espacio. Hace algunas semanas atrás hubo un atropello, donde vecinos culparon a la no ejecución de algunos proyectos que habría comprometido la empresa realizar y que hasta al momento siguen esperando.

El patrimonio de una zona típica se estaría viendo perjudicado con la presencia de CMP en Guayacán, según denunciaron comunidades que en el último fin de semana se manifestaron bajo la consigna «No más CMP», en un evento cultural y artístico en la Plaza Urmeneta.

Protestantes que hace algunos años protagonizaron barricadas en el sector de la Ruta 5, por la bencinera, en contra de la compañía, insisten en reconocer aportes como la futura construcción de una plaza que sería remodelada al 100% por la empresa. No obstante, dicen que al realizar el equilibrio, la ayuda «sigue estando al debe con el pueblo de Guayacán».

Comentan que también existirían otros factores en contra de la minera, que son considerada como actos «inhumanos» por estas personas.

«La contaminación acústica nos tiene enfermos a todos los que vivimos relativamente cerca del puerto. Estos tipos trabajan hasta las 2 o 3 de la mañana y el sonido de los motores es insoportable. Entonces cuando se ponen hablar de los aportes que da o no da CMP, hay que poner en la balanza todo eso, el daño que causan vale por mil, mientras ellos continúan entregando migajas», sentenció uno de los trabajadores.

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