Algueros de playa Changa siguen sin refugio, a seis meses del tsunami

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alga“Primera entrevista en que puedo hablar como presidente. Hemos andado en todas partes; uno siempre confiando y esperando a las autoridades, que tampoco queremos sobrepasarlas. Los algueros, cooperativa y sindicato, hasta el momento (no han recibido) nada”.
Esta es la queja Carlos Rojas, presidente de Sindicato de Algueros de Playa Changa, al momento de acercarnos con nuestra cámara para ver cómo, tras haber perdido el refugio que utilizaban, a causa del tsunami del 16 de septiembre pasado, hoy se internan en el mar simplemente poniéndose el traje de buceo en plena playa. Mientras ellos entran al agua para sacar las algas que crecen a poca profundidad, sus objetos personales quedan en tierra, ocultos del mejor modo que pueden, siempre a riesgo de ser víctimas de robos.
“A los algueros no se les ha apoyado en la recuperación material”, señala Rojas, quien asegura que hasta ahora ha sido la Municipalidad de Coquimbo la que ha intentado colaborarles en alcanzar un objetivo inmediato: conseguir un contenedor de carga para usarlo como sede y vestidor. “Un containerpara poder vestirnos, no podemos seguirlo haciendo en la playa, porque nos roban las cosas”, afirma.

No quieren
prejuicios

Mucho cambió después del maremoto para los algueros de la playa Changa, tanto los del sindicato–conformado por 27 socios– como los de sus colegas de la Cooperativa Algamar, quienes perdieron la mayor parte de su implementación. Ambas agrupaciones vieron arrasadas las precarias construcciones que mantenían a un costado de la Costanera; el mar se las llevó por completo.
A sólo unos metros de donde conversamos se divisa un bote, de propiedad de la cooperativa; yace ahí sin motor, de modo que no se puede ocupar. Para los algueros no deja de ser irónico, pues a sus vecinos, los pescadores de las vecinas caletas de Coquimbo y Peñuelas, se les han destinado decenas de motores nuevos.
Rojas habla mientras tres de sus colegas están en el agua, sacando algas; él se queda cuidando las pertenencias de sus compañeros. A lo lejos, otros tantos también lo hacen, y simultáneamente, dos mujeres recogen el material que las olas van depositando sobre la arena. “Nosotros somos un sindicato de algueros, de orilleros. Somos históricos acá, porque llevamos desde que se empezó a extraer el alga, hace 45 años”, cuenta.
El dirigente asegura que, más allá de obtener un contenedor, también piden un mejor trato y ser tomados en cuenta. Espera que dejen de ser mirados con recelo, incluso por autoridades locales que –asegura– los han apuntado como un foco de ebrios y malvivientes; que se les conceda un espacio donde instalarse nuevamente y no haya prejuicios en su contra.

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