Hija del último sobreviviente de la Esmeralda revive aquel histórico 21 de 1879

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7Muchas personas visitan diariamente su pequeño almacén de barrio ubicado en pleno centro de La Serena, pero muy pocos saben que su padre fue nada menos que el último sobreviviente de la corbeta Esmeralda.
La señora Elvira Vargas Portilla, que el mes pasado cumplió 91 años, tiene un recuerdo muy nítido de su padre Wenceslao Vargas Rojas, quien combatió junto a Arturo Prat en ese histórico 21 de mayo de 1879. Hoy cuando se cumplen exactamente 137 años de ese día, habló con LA REGIÓN.
«Mi padre era un hombre muy recto y severo a veces. Tenía un buen pasar. Cuando llegó a La Serena, se dedicó a vender carbón, leña y pescado frito. Pasaba mucho tiempo fuera de la casa. Después que lo ascendieron de grado en la Armada, comenzó a recibir un mejor sueldo. Le gustaba mucho leer la prensa. Todos los días compraba el diario y tenía también bastantes amigos», dice mientras nos muestra una de las ultimas fotografías de su padre vistiendo el uniforme de la Armada.
Sobre la emblemática batalla entre la corbeta chilena y el monitor peruano Huáscar, la señora Elvira contó que su padre le relataba que, en medio de un viaje a Perú, se encontró con el conflicto, por lo que decidió regresar a Iquique.
«Los peruanos le decían que se quedara, que no pasaría nada, pero él viajó de regreso y se enroló. Entonces, él tenía 16 años. Nos contó que durante el combate estuvo a cargo del cañón seis. Después del combate lo hicieron prisionero. Pero hay cosas que se inventan, por ejemplo que él saltó a abordaje…y eso no fue así. A el lo rescataron del mar, donde se mantuvo flotando gracias a alguna tabla. El sabia nadar bien. Después los tomaron prisioneros… luego hubo un intercambio de prisioneros y volvió», narró.

ARTURO PRAT

En la memoria de Wenceslao Vargas, Arturo Prat fue un capitán preocupado de su gente hasta el último minuto que tuvo con vida. «Mi padre me decía que Prat era un caballero y había sido un muy buen capitán, y recordaba que antes del combate se preocupó de que toda la tripulación hubiese desayunado. Eso es algo que mi padre siempre destacaba», afirmó.
La señora Elvira cuenta que por mucho tiempo permanecieron en la familia las medallas recibidas por su padre, su gorra e incluso su espada. «Hoy no sabemos exactamente donde están esas cosas de mi padre. Nos gustaría poder conocer su paradero, porque son piezas muy valiosas también para nuestra familia», dijo.
La señora Elvira también destacó los innumerables homenajes que en vida recibió Wenceslao Vargas por parte de la Armada, el Ejército y la comunidad. «Durante estas fechas (Mes del Mar) siempre lo invitaban a las actividades. Se hacía el izamiento de la bandera en la plaza, también a las veladas que se realizaban en la calle Cienfuegos. También los scout venían a hacerle un homenaje acá a la casa. El último acto al que fue él, cuando se cumplieron los 75 años del combate, lo llevaron a Iquique. Se fueron en barco y él tenía más de 90 años»,
Hace ocho años, la señora Elvira Vargas pudo conocer el lugar exacto donde se hundió la Esmeralda. Fue un momento único en el que se pudo reencontrar con la historia del país y también la suya.

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