La Hermana Nevenka: Monja rebelde que gusta del deporte, cantar y bailar

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Orgullosa parte diciendo que es hija de Alcides Alvarez Villalobos, obrero, y de Carolina Barrera Rojas (ya en el Cielo), y que es parte de una familia de seis hermanos: Erika, Walter, Frankie, Carolina Emma y yo, estas, las últimas tres, trillizas… «No puedo dejar de lado mis raíces, mi familia, porque soy lo que soy gracias a ellos»…

Le gusta el deporte, escuchar música y hasta bailó cueca en la Pampilla con Dióscoro Rojas, mandamás guachaca. Se separó de la congregación hace un tiempo, se sacó el hábito y se enamoró. Este viernes cumplió uno de sus grandes anhelos, que fue la inauguración de una casa para las mujeres vulnerables en Las Compañías. Acá su historia…
En 1991 su vida cambió para siempre. Se enamoró de un Señor, que llamaba Jesús, «y que me volvió loca». Dos años más tarde, cuando cumplió la mayoría de edad, ingresó a la vida religiosa. Desde entonces ha tenido hartos cambios, porque hasta un tiempo divorciada de su comunidad estuvo. «Como que me separé», manifiesta la hermana Nevenka Álvarez, hoy más feliz que nunca luego que este viernes se inaugurara, en Las Compañías, la casa de la Corporación Padre Alfonso Baeza, después «de cinco años y un día, igual que nuestros hermanos que están privados de libertad, ya que es el tiempo que esperamos para poder tenerla».

Vive en Coquimbo, en la Parte Alta, pero su centro de operaciones lo tiene en La Serena, así que «estoy viendo la posibilidad de cambiarme», asegura esta religiosa de las cuatro décadas (tiene 45), pero el tiempo no sabe marchitar la fuerza volcánica de su mirar, a lo Arjona.

LA GUARIPOLA

Pese a llevar su hábito no esconde sus gustos por el deporte, escuchar música y bailar cueca. Y así lo dejó bien en claro en la Pampilla, cuando sacó a bailar a Dióscoro Rojas, el mandamás guachaca.

«Me pusieron en La Cuarta la Sor Guachaca (ríe), pero quiero purificar el concepto, porque en el imaginario colectivo la palabra tiene esa connotación de ser pobre, bueno para el trago, pero eso era antes, ya que desde el año 1997 Roberto Parra y el propio Dióscoro reivindicaron el concepto, y hoy tiene que ver con la popularidad, ser humilde y republicano. Y yo disfruto de la vida y soy una mujer para servir a los demás, ¿cachai?».
Sostiene que más que críticas por el titular del diario pop y haber bailado un pie de cueca, «todo esto me ha traído muchas bendiciones, y por lo mismo vamos a desarrollar más adelante un evento junto a Dióscoro con la cumbre guachaca…».

Muchos dicen que es la novicia rebelde y ella, sin vacilar, asegura que sí, pero «en una versión más actual (ríe). Soy una mujer simple que disfruto de la vida, y me reencanto todos los días con mis estudiantes de primero básico a cuarto medio del Colegio Alemán de La Serena. ¿Sabe? La sociedad nos ha encasillado, estereotipado, y eso no ayuda mucho. Porque yo siempre he dicho que soy una mujer consagrada que amo la vida, la disfruto, trato de ser libre, pero soy así, simple».

Encontró el amor

Pese a su manera de ser, muy diferente al común de las religiosas, reconoce que no ha tenido problemas en su congregación. Al contrario, «ya que con las hermanas tengo buena relación y me tienen harta paciencia, me quieren, y humanamente me llevo mejor con unas más que con otras, para que estamos con cuestiones. Es como en la familia. Y no sé si seré rebelde, sino más bien díscola, puesto que no soy fácil de llevar y obedecer, además que defiendo mis ideas con uñas y dientes. Pero me llevo bien, me han aguantado harto. Hago tantas cosas y la Congregación Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús me da el permiso que corresponde, porque no ando leseando poh, sino que ando haciendo las cosas del Señor».

ME SEPARÉ DE
LACOMUNIDAD,
PERO NO DE DIOS

Sin embargo, no oculta que en sus años de religiosa ha tenido algunos conflictos. Y uno bien fuerte, en el año 2011, que la llevó a tomar una drástica decisión: «Chao, me voy -les dijo-. Me separé de la comunidad, pero no de Dios. Y fueron cinco años de pasarla bien, puesto que cree la corporación, aprendí a vivir sola, trabajé, me saqué el hábito. ¿Te cuento una anécdota? Cuando llegué al colegio me veían que hacía muchas cosas, entre ellas la olla común, el preuniversitario en la caleta de Coquimbo, y me preguntaron: no vas a fiestas, no tienes una pareja… y no me entendían poh. Y en 2016, el cura Mariano Puga, que también es amigo, me dijo que estaba puro leseando y que mejor volviera a ser una monja si estaba llevando una vida de una monja. Y la pensé harto, puesto que llevaba una vida con libertad, llegando a la hora que quería, no le pedía permiso a nadie, manejaba mis horarios, mis tiempos y también conoció el amor, ya que tuve un pololo por ahí, así que conocí la vida con sus placeres (ríe)».

UN POLOLO….
NO RESULTÓ

Pero «la cosa no resultó», afirma. Y claro, «porque me pasé más rollos y el otro no quería na’ conmigo, porque además el hombre que tenía que estar a mi lado tenía que ser muy xuxa, ya que soy una mujer súper libre y debía estar a la par con el tema social. Imagínate si un día le digo: ¡Voy a un evento social! Con suerte te creen, poh, ¿cachai?».
Así que en 2016 decidió darse un remember con la comunidad, «y acá estoy, bien gracias a Dios».

Y lo hizo, precisa, no porque le fuera mal en temas del corazón.
«Eso lo agradezco y hasta el día de hoy tengo una relación de amistad con esta persona, pero he sido siempre feliz en este encuentro del servicio y del amor al prójimo. Si me sacai el hábito voy a seguir siempre igual, porque es un compromiso que tengo con la vida».

EL SUEÑO DE
LA CASA PROPIA

Fueron años en que lucharon junto a Marta Aguirre para tener el domicilio que tanto anhelaban como corporación, una vez que fueron constituidos en 2014.

Primero partieron en Coquimbo, en donde había que buscar personas que ayudaran, «y como soy bastante sociable y creíble, me junté con amistades, ex alumnos, pues soy profesora de filosofía y religión, así que coseché lo que sembré y comenzamos a trabajar en la caleta, dado que para rescatar los valores del cura Baeza, un hombre súper comprometido con los pobladores, con los Derechos Humanos, buscamos un lugar que identificara a Coquimbo, y ese lugar era el puerto. Por lo tanto me metí ahí, y me costó que se abriera el espacio, pero finalmente formamos un preuniversitario social en 2015, que duró un año y nos fue bastante bien», sostiene.

Pero todo, claro, con las voluntades y sus propios recursos, «ya que no tuvimos ninguna participación de fondos concursables», avisa.

FALTAN AYUDAS

Desde que comenzaron, hace cinco años, reconoce, «no hemos tenido ningún fondo, solamente este año nos llegó un aporte de una persona que creyó en nuestro proyecto y nos entregó un aporte para reparar la casa que se ubica en Las Compañías».
Pero dejaron la caleta al año siguiente. Había otros sueños que cumplir. Uno de ellos, y el que marcó su vida, fue trabajar con las mujeres privadas de libertad.

CON MUJERES DE LA CÁRCEL

Fue así que decidió hacer algo por las mujeres, cuando un cura amigo le planteó esa posibilidad.
«Me dijo que mejor nos fuéramos a la cárcel a compartir con las mujeres, y como prendo con agua, le dije a mi amiga Marta, que es la vicepresidenta de la corporación, y nos fuimos, pensando en la idea de hacer un proyecto y la verdad es que nos cambió la vida, ya que desde noviembre de ese año que nos comenzamos a vincular con las chiquillas, puesto que bajamos sus niveles de agresividad y nos felicitaron. Cuento corto, nos piden que al año siguiente lo hiciéramos nuevamente y ya llevamos tres años trabajando junto a ellas».

El problema era a la salida, qué hacer con ellas, «porque adentro están privadas de libertad, pero no de dignidad, que es algo muy distinto», aclara.
Y conversando un día con ellas «nos dicen que cuando obtenían la libertad les faltaban oportunidades, redes de apoyo, por tanto se nos ocurrió hacer la casa, como una plataforma humana y fraterna, y así poder prepararlas desde todo el ámbito de la palabra. Así tuvimos una reunión con el seremi de Bienes Nacionales, que nos facilitó una casa en Las Compañías, que estaba abandonada, y que teníamos que asumir el costo nosotras. Y aceptamos, sabiendo que iba a llegar la plata, y así nomás fue».

Claro, porque este viernes la casa tan esperada por la hermana Nevenka fue inaugurada, «y estamos muy contentas, emocionadas, pero con sentimientos encontrados, porque tantos años de lucha hoy se convirtieron en una realidad, debido a que esta es una corporación que promueve la dignidad de las personas».

DONDE ESTÁN

Ubicada en calle Ramón Carnicer, esquina Covadonga, sector Compañía Baja, este domicilio recibirá a las mujeres una vez que cumplan con su sentencia en la cárcel, «pero no es una casa de acogida, porque las chiquillas vienen saliendo de un sistema de reclusión y no quiero que lleguen a otro, sino que es un hogar donde se acoge, donde la chiquilla que salga pueda aprender un oficio, a formarse y ojalá hacer alianzas con algún centro de formación. Ahora, en qué momento se puede quedar una chiquilla, cuando venga desde otra ciudad y no tenga donde pasar la noche. Pero queremos que sepan que existe una institución y personas que confían en ellas y que las apoyamos. Si estas sin trabajo eres vulnerable, con mayor razón cuando sales de la cárcel, donde tienes una condena social muy grande», garantiza.

No obstante, la casa no es excluyente y exclusivamente para mujeres privadas de libertad, «sino que también pueden venir mujeres dueñas de casa, porque la vulnerabilidad no tiene que ver solamente con la cárcel y el factor plata».

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