Por: Bastián Álvarez Pardo
Laura Guedez, presidenta de la organización Hermandad Venezolana IV Región, vivió en primera persona el devastador terremoto del miércoles 24 de junio, en la parroquia (localidad) de La Candelaria, ubicada en el Estado de Caracas.
«La urbanización en la que vivía tenía 12 torres, de las cuales se cayeron nueve y quedaron solo tres en pie. En el momento del terremoto estaba tomando una cerveza con unas amigas y mi sobrina, mientras esperaba a que mi hija llegara del cine. Gracias a Dios, llegaron a la casa unos minutos antes del terremoto».
Laura relata que, en el sector en el que se encontraba en La Candelaria, los edificios pueden tener más de 12, 13 o hasta 17 pisos, la mayoría de ellos de concreto y sin construcción antisísmica. «Se movían como gelatina, yo sentía que estaba dentro de una licuadora en medio de la ciudad. Empezaron a caer cosas de los balcones, fue muy fuerte. Lo que no viví en Chile, lo viví allá».
Además, Guedez recuerda que el segundo terremoto, ocurrido apenas 39 segundos luego del primero, se sintió de manera mucho más intensa y terminó de derrumbar aquello que echó abajo el primero.
Una larga travesía
Así como el terremoto ha sido un impacto difícil de olvidar, también lo fue la larga travesía que debió vivir Laura para regresar a Chile desde Cúcuta.
En circunstancias que el aeropuerto internacional de Maiquetía (Caracas) aún no puede operar, ya que su pista quedó inutilizable tras el sismo, Guedez relata que «mi vuelo era este martes 30 y fue movido por la aerolínea para el lunes 29, saliendo desde Cúcuta. Yo estaba en Caracas, a 10 horas de la frontera, pero por los desastres, las vías se rompieron. También, había inundaciones en los estados de Portuguesa y Mérida, por los que hay que pasar para llegar a la frontera. Nos tuvimos que mover mucho, y un viaje que duraba diez horas, terminó durando 20 horas».
Y, aun cuando temió ser retenida en su país e impedida de viajar vía terrestre desde Venezuela, hoy Laura y su hija se encuentran en La Serena, tras haber despegado desde Cúcuta hacia Bogotá y luego, desde la capital colombiana hacia Santiago, previa escala en Lima (Perú).
La difícil comunicación
El pasado fin de semana, la ONU exigió al gobierno venezolano liberar y flexibilizar el acceso a internet y redes sociales, que sufre de conocidas restricciones en el país, con el fin de que sus ciudadanos puedan comunicarse y reencontrarse con familiares dentro y fuera de Venezuela, informarse sobre el estado de sus seres queridos y sumarse a la búsqueda.
Laura Guedez ha sido testigo de cómo los venezolanos residentes en la región de Coquimbo han tenido dificultades para contactarse con su país.
«No hay comunicación factible. Pude comunicarme con gente allá porque les escribía por mensaje de texto, pero el gobierno tiene bloqueados los satélites. Por eso se ha llamado a donar antenas Starlink, que han sido puestas en sitios estratégicos y han permitido a las personas conectarse a datos móviles», relata Laura.
La realidad, vista desde Coquimbo
Recientemente, el Servicio Nacional de Migraciones anunció que flexibiliza las exigencias de salida desde Chile para los ciudadanos venezolanos que deseen viajar a su país a reunirse con sus familiares o buscar a sus seres queridos.
Para quienes mantienen una situación migratoria regular, con permanencia legal o documentación venezolana caducada, podrán viajar solo si regresan de manera definitiva a Venezuela o se trasladan temporalmente por razones humanitarias. Los residentes irregulares con documentos vencidos, en tanto, deberán pagar la multa correspondiente ante Migraciones, mientras que quienes hayan ingresado de manera irregular y busquen salir del país, serán controlados por la PDI antes de viajar desde el Aeropuerto de Santiago.































