La Escuela Familiar Agrícola Valle de Elqui desarrolla RUCA Isike, proyecto que instala una biofábrica para criar bichos controladores y ofrecer una alternativa más ecológica al uso de productos químicos. La iniciativa busca formar un núcleo productivo con proyección para la región.

Por René Martínez Rojas

Una biofábrica para producir insectos controladores de plagas está tomando forma en la Escuela Familiar Agrícola Valle de Elqui, en el sector de Las Rojas.
Porque allí se desarrolla RUCA Isike, iniciativa que combina formación y producción con el objetivo de aportar alternativas más ecológicas para la agricultura regional.
El proyecto fue visitado por Ignacio Delfino, jefe de Desarrollo Territorial de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) del Ministerio de Agricultura, quien recorrió la zona para justamente conocer experiencias y oportunidades de innovación en rubros como el pisquero, la horticultura y la producción de papas.
«En la región hay un acceso limitado a controles más ecológicos y se sigue abusando de los controles químicos. Estos estudiantes, a través de la transferencia que realizan los profesionales de INIA, han ido produciendo insectos que controlan plagas», explicó Delfino.
La iniciativa cuenta con apoyo de FIA y transferencia técnica de profesionales de INIA y el objetivo, cuenta, «es poder establecer un núcleo productivo, ya que en Chile tenemos solo cuatro núcleos de las mismas características que se están trabajando con escuelitas para poder en un futuro comercializarlos, y hacer liberaciones de estas plagas. Además, es una oportunidad de desarrollo económico de todas maneras para la región».
Delfino destaca que el de Las Rojas ya cuenta con infraestructura, una metodología establecida y un proceso de producción activo. El principal desafío, señaló, será incrementar el volumen para alcanzar niveles competitivos, una etapa que requiere trabajo de largo plazo.
Para FIA, experiencias como RUCA Isike permiten acercar la innovación a los territorios y vincular a estudiantes, productores, instituciones públicas y actores privados en torno a soluciones para los desafíos agrícolas de la región.

Volumen de subproductos

Como el objetivo de la fundación es vincular a los actores públicos y privados, a pequeños productores y a empresas de base científico-tecnológica, la visita también incluyó INIA Vicuña, donde conoció una iniciativa que busca aprovechar subproductos de la industria pisquera para desarrollar un bioestimulante destinado a frutas y hortalizas. El proyecto apunta a ayudar a las plantas a enfrentar condiciones adversas, como el estrés por calor y el déficit hídrico.
«Trabaja como bioestimulante y no depende de una molécula química, sino de una molécula orgánica obtenida a partir de subproductos. Así damos una segunda vía a los residuos de la industria», explica. Y añade que la iniciativa vincula la economía circular con productores locales y con la industria asociada a la uva pisquera.
Respecto de sus proyecciones, afirma que ya existe un volumen de subproductos que puede ser tratado y que, en aproximadamente 18 meses, podrían obtenerse resultados con productos establecidos.