
La agrupación “Hijos y Madres del Silencio” tuvo por vez primera un encuentro en la región. Fue en La Serena, en la casa de los Derechos Humanos. Hasta ese lugar llegaron madres que después de años siguen preguntándose qué pasó con sus hijos. Una de ellas es Vilma Soto, cuando tenía 17 años y luego de diez de días de haber dado a luz a su hija en el Hospital San Pablo de Coquimbo, el 2 de mayo de 1979 una asistente social le dijo que su bebé había fallecido. Y como en muchos de los casos, sus solicitudes de ver el cuerpo le fueron negadas. Nunca le entregaron el certificado de defunción.
“La asistente social estaba para ayudar, pero muy bien recuerdo que me dijo un día: ‘eres menor de edad, eres una niña de escasos recursos y nosotros haremos todo. ¡ándate para tu pueblo!’”, recuerda Vilma esa conversación que sostuvo con la profesional como si fuese ayer. Y agregó que con la ayuda de su hija mayor y de la agrupación, hoy “quiero saber qué pasó. Ya no soy la misma de antes (…) De estar viva tendría 38 años. Vivo en una incertidumbre, porque mi corazón me dice que mi hija está viva. Tras saber todo lo que ha pasado conmigo y con otras madres, a estos casos no puede llamarlos adopción irregulares, sino que esto fue una sustracción de menores, debido a que no hay registros. ¡Yo la tuve en mis brazos, pero no aparece en el registro! No hay nada”.
Cualquiera sea la verdad, Vilma está preparada. Y con lágrimas en sus ojos, confiesa que “será duro si es que realmente mi hija murió, pero voy a estar tranquila, porque ya se cerró esa parte, pero si está viva…Estoy preparada para lo que sea, pero será doloroso. Será una tranquilidad enorme”.
En la región, es el ministro Vicente Hormazábal quien investiga los antecedentes de dos casos ocurridos en los años setenta en los hospitales de La Serena y Ovalle, y que bien podrían estar ligados junto al de Vilma Soto y otras madres más, a los casos de “adopciones irregulares” que en abril de 2014 el sitio Ciper Chile destapó y que hoy tienen al Ministro en Visita, Mario Carroza, indagando más de 500 acontecimientos ocurridos entre 1970 y 1990, cuyo modus operandi se basaba en que las “captadoras” iban a hospitales, maternidades o fundaciones para detectar a madres en situación vulnerable y solicitarles que entregaran a sus hijos.
Desde la organización, apuntaron que el mayor propósito de esa actividad es producir reencuentros de las familias. “Queremos orientar a las personas y realizar contención, ya que se trata de situaciones muy dolorosas y traumáticas. Fueron familias, madres e hijos, separados a la fuerza por una organización y metodología que aún no se logra dimensionar en su totalidad. «En estos años la agrupación ha logrado el reencuentro de más de 80 familias”, dijo Alicia Acuña, que busca a su hermano junto a su madre, Alicia Galleguillos.






























